Dr. Alejandro Napolitano
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MATERIAL BIBLIOGRAFICO

Psicoterapia grado cero

 

Universidad de Palermo
Facultad de Ciencias Sociales
Licenciatura en Psicología
Materia: Psicología Clínica y Psicoterapia II. Curso lectivo 2008
Profesor Titular: Dr. Alejandro Napolitano
Ayudantes: Lic. Carol Etchecopar y Lic. Mariana Ramírez
Ficha de la Cátedra para uso exclusivo de los alumnos:

 

Psicoterapia grado cero

 

Lo único y lo múltiple en psicoterapia

El primer registro de que disponemos de una alusión a la psicoterapiadata de 1887. Se trata de un artículo aparecido en una publicación inglesa en la cual una tal F. P. Cobbe llama “procedimientos psicoterapéuticos” a los utilizados para la curación de males anímicos por fuera de contextos religiosos (Pivnicki D., 1969). Hoy en día, más de cien años después, contamos con unas cuatrocientas líneas psicoterapéuticas reconocidas. Conforman todas juntas  un  suburbio inconcluso  del jardín de los senderos que se bifurcan.  Las escuelas psi parecen compartir con algunos partidos de izquierda  la curiosidad de resultar regularmente divisibles por dos.
Podemos considerar el asunto  un verdadero desquicio, un collage incoherente, una bolsa de gatos. También podemos percibirlo como un panorama  estimulante, si logramos liberarnos de la presunción de que, seguramente, habrá  entre las cuatrocientas, una que detente la verdad, mientras que las otras trescientas noventa y nueve son  variedades del error. Podríamos, entonces,  imaginar la sobreabundancia como  resultado de  un fenómeno análogo a la diseminación redundante de las formas en la Naturaleza: se trata de maneras de llegar a todos lados, modos de hacer accesible lo mismo a muchas personas en cualquier condición posible. La flor del cactus en el desierto de Atacama y la orquídea en la selva del Amazonas, tan iguales y tan diferentes.
De ser  así, deberíamos poder responder  dos preguntas. La primera es: ¿qué es lo que hace que determinada práctica sea psicoterapia y otra no? La llamaremos  la pregunta acerca de la naturaleza de la psicoterapia. La segunda: ¿qué es lo que legitima una diferencia entre líneas psicoterapéuticas?, o aclarando un poco más, ¿qué tipo de diferencia señala una variación  genuina, que no es ni  puro énfasis narcisístico,  ni desnaturalización del vínculo con la raíz? Llamaremos a esta la pregunta acerca de la naturaleza de las psicoterapias.
En esta ficha intentaremos responder la primera de estas preguntas. La respuesta nos enfrenta con el peligro doctrinario. Una respuesta doctrinaria es aquella que, montándose sobre una verdad previa y exterior a la cuestión considerada, determina que algo es o no es. Estamos acostumbrados a las respuestas doctrinarias en el ámbito de la psicoterapia,  donde demasiadas personas se muestran demasiado seguras acerca de asuntos demasiado complejos.  Intentaremos responder la   pregunta, evitando el peligro doctrinario, con el auxilio de la fenomenología.  Ella nos   invita a seguir un camino, al cabo del cual  promete que se  hará intuible lo esencial de aquello puesto a  consideración,  sin  apelar a categorías exteriores al asunto mismo, sino a partir de un proceso similar a la destilación, capaz de brindar acceso a su fundamento. Nos guiaremos por el análisis fenomenológico que hace Paul Ricoeur  en su intento de dilucidar la naturaleza del pensamiento freudiano (Ricoeur, P., 1978, trabajo original de 1965). 
Para la segunda pregunta no hallamos aún respuesta. Creemos poder señalar diferencias entre escuelas de psicoterapia que, a nuestro parecer, no desnaturalizan su pertenencia al hipotético tronco común, pero no nos  resulta posible determinar la pauta que organiza la respuesta. En términos de Bateson, parece posible distinguir diferencias, pero sin acertar a comprender cuál es el tipo (en tanto categoría, metanivel) de diferencia en cuestión.
Advirtiendo esa limitación, y apelando a la experiencia clínica y a la orientación de la cátedra, brindaremos en clase algunas precisiones, acerca del punto de desmarque entre  psicoanálisis y  psicoterapias experienciales y constructivistas (humanísticas). Del mismo modo esbozaremos  algunas notas distintivas que  otorgan identidad, relevancia propia y operatividad específica a la psicoterapia gestáltica. Por lo demás, dedicaremos la presente ficha a la primera pregunta aludida, esto es, lo que  denominamos la naturaleza de la psicoterapia.
No obstante, dejemos establecido que en ambas preguntas, y en cada una de ellas, queda planteada una polaridad: la  oscilación dialéctica entre lo único y lo múltiple en psicoterapia. Esa es la polaridad  que   nos interesa interrogar en esta ficha.

¿Qué es lo que hace que una práctica sea psicoterapia?

Estamos usando la palabra práctica, pretendemos entonces, enfatizar  la pertenencia de esta disciplina al orden de los saberes prácticos y distinguirlos así de los inicialmente teóricos. Al ser la psicoterapia  una forma de tratamiento,  mantiene su raíz ligada a las prácticas curativas, genérica e históricamente vinculadas al saber médico, ámbito al que por una parte pertenece,  y del que  por otra se deslinda, al mantener con este diferencias no sólo hondas, sino también esenciales.
Analizaremos cuatro aspectos clave que consideramos los pilares que conforman la naturaleza de la psicoterapia:

  • La cuestión de la eficacia.
  • La cuestión del lenguaje.
  • La cuestión de las relaciones entre lo conciente y lo inconciente.
  • La cuestión del vínculo terapéutico.

 1. La cuestión de la eficacia En primer lugar digamos que la tarea psicoterapéutica posee, entre otros criterios de validación, uno inexcusable: el  pragmático (aquello relativo a utilidad y resultados). Esto significa que al ser una práctica social, encaminada hacia la resolución de alguna situación penosa, la mejor es la que resulta más eficaz para lograr un cambio. La mejor  medicina es la que cura. La eficacia señala una relación entre la eficiencia y el costo. Será más eficaz el tratamiento que conduzca a la mejor superación del problema, de ser posible no sólo a su alivio, con el menor costo posible. Cuando hablamos de costo no nos referimos sólo, ni principalmente, al económico, sino al costo en tiempo, sufrimiento o adversidades necesarias para llegar al fin deseado. Pero, dejemos claro, que si es un tratamiento existe un objetivo, que es la  cura, al que se pretende arribar.
Es necesario que establezcamos nítidamente, en este punto, una salvedad. A una  psicoterapia alguien puede llegar en busca de un espacio de indagación o de crecimiento personal, no de un tratamiento para una dolencia. También puede llegar allí intentando superar una crisis vital. Es más, lo que comienza siendo un tratamiento puede transformarse luego en una búsqueda de desarrollo de las propias potencialidades. Esos son espacios genuinos, especialmente  promovidos y cultivados por las psicoterapias humanísticas. Allí no corresponde referirse a  objetivos. Lo que se abre es un espacio de exploración librado a su propio devenir, por lo que criterios provenientes de la Medicina, como diagnóstico, pronóstico, eficacia o alta, carecen de sentido. No nos ocuparemos en este artículo de ese tipo de genuinas demandas terapéuticas. Elegiremos atenernos a delimitar la referencia de la psicoterapia  al ámbito de lo que entendemos, en términos de salud poblacional, como  Salud Mental.
En ese marco acotado, la eficacia terapéutica surge como  resultado de las intersecciones múltiples entre el paciente, el terapeuta y el contexto social que los  sostiene,  validando y legalizando la práctica. Sabemos, desde Levi-Strauss, que alguien no es un gran médico porque cura a sus enfermos, sino que cura a sus enfermos porque es un gran médico, a lo que el antropólogo agrega: “En efecto, es la actitud del grupo antes que el ritmo de los fracasos y los éxitos, donde debe buscarse la verdadera razón (de la eficacia) (Levi-Strauss C., 1976, trabajo original de 1953).
Curar enfermedades, cultivar la tierra o construir  viviendas, por poner algunos ejemplos simples, son saberes prácticos, desarrollados desde tiempos remotos, para satisfacer necesidades de supervivencia de las comunidades humanas. Praxis, al decir de Vico y de Gramsci. No podemos adjudicarle a esas praxis objeto, tal como se le suele adjudicar (a veces de manera discutible) a las ciencias. Lo que poseen esos saberes prácticos es propósito, tal como resaltábamos anteriormente. Ese propósito precede a la práctica, la condiciona y la prefigura. Heidegger ha mostrado, en un escrito liminar (“Construir, Habitar, Pensar”) la dimensión ontológica de esa preeminencia, al señalar que es necesario primero saber habitar, para recién luego poder construir viviendas (Heidegger M, 2008, trabajo original de 1951). La evolución y  complejización progresivos de los conocimientos y procedimientos involucrados, han hecho que estas actividades humanas, estos saberes prácticos, apelaran por un lado al auxilio de conocimientos teóricos procedentes de determinadas ciencias particulares, y por otro  produjeran teoría desde el seno mismo de la práctica.
Es así que, por ejemplo, la Medicina puede utilizar distintas ciencias,  Biología,  Física,  Estadística, etc. para formalizar y ahondar sus conocimientos, a la vez que deviene capaz, con los siglos de desarrollo, de producir conocimiento teórico propio. No obstante, su raíz se mantiene ligada a  la práctica y siempre sostendrá, junto al  despliegue científico, su condición de arte y oficio. La teoría,   deseable, importante, insustituible en ciertos niveles avanzados de desarrollo, es, al decir de Claudio Naranjo, una madurada flor, pero nunca la raíz de una práctica (Naranjo C., 1990).
De igual manera la Psicoterapia puede apelar a la Psicología, a la Neurobiología, a la Lingüística o a otras ciencias para desarrollar su condición. Siendo su antigüedad mucho menor que la Medicina (podemos datarla en 1900, con la aparición de La interpretación de los sueños), la producción de una Teoría de la Psicoterapia está aún en sus inicios. Contamos con teorías desarrolladas por líneas o escuelas de psicoterapia, pero no disponemos de un cuerpo teórico consolidado de algo que pudiéramos llamar una especie de teoría general del estado del arte. Va siendo hora de que algo así comience a producirse .
Un saber de primacía práctica intenta satisfacer, entonces, una necesidad social, constituyendo así un propósito y, sólo en un segundo momento, alcanza un saber teórico. La adquisición y transmisión de saber práctico involucra  participación muy activa de disposiciones pertenecientes a lo que denominamos inconciente cognitivo, mediante los procesos de aprendizaje implícito y conocimiento tácito (Reber A., 1993). Nos será fácil comprender estos procesos si utilizamos el ejemplo de la adquisición de una habilidad motriz como el montar bicicleta. Aprendemos a hacer ajustes automáticos con las manos y el cuerpo, logrando mantener el centro de gravedad por encima de las ruedas, sin saber explicar cómo lo hacemos, o incluso mostrando ideas equivocadas al respecto. Neil Carlson muestra en una divertida experiencia cómo un grupo de ciclistas explica en palabras, de manera enteramente desacertada, el modo en que han superado exitosamente, un momento atrás, un obstáculo (Carlson N., 1999). Se hace imposible explicitar las reglas que gobiernan el procedimiento, aunque hayan podido ser exitosamente aprendidas y aplicadas. Varios pasos más adelante del montar en bicicleta, aunque siguiendo el mismo camino, se encuentran saberes prácticos mucho más refinados, tales como son los aspectos técnicos ligados a tocar un instrumento musical, cantar, dibujar,  bailar, fabricar un violín o practicar psicoterapia. En estos casos se expande la habilidad práctica,  al sumársele la capacidad expresiva e interpretativa.
Dos elementos que parecen resultar clave para la adquisición y transmisión de estas habilidades son: a) la observación atenta de los que ya son diestros junto con el deseo de imitarlos; b) la percepción acertada de condiciones contextuales.
Algunos descubrimientos neurobiológicos aportan información enriquecedora acerca de estos procesos. Conocemos desde hace algunos años la existencia de las “neuronas espejo”. Estas mirror neurons son redes neuronales alojadas en la corteza premotora y en el córtex parietal inferior, que se activan, tanto cuando se ejecuta un movimiento determinado, como cuando se observa la ejecución de ese movimiento por otro. Se dice entonces que esas neuronas “espejan” el movimiento del otro, tal como si el propio sujeto lo estuviera haciendo. Se considera que el sistema cumple un importante papel en la adquisición del lenguaje, la comprensión de las intenciones y la empatía, entre otros  acontecimientos de nuestra vida psíquica.  Enfatizaría este dato el hecho que la transmisión directa, de persona a persona, en contextos del tipo de la relación aprendiz-maestro,  sería la manera natural de adquirir  complejos saberes prácticos, como la psicoterapia, por ejemplo. Incluiré en este grupo de adquisiciones las transferidas a través del lenguaje gestual, tanto propiamente corporal, como ligado a las inflexiones de la voz y la respiración. Llamaremos a estas vastas y complejas configuraciones, solamente transmisibles mediante la relación directa de persona a persona, actitudes, formas de estar en el mundo (Naranjo C., 1990).
Se hace necesario ahora, establecer aquí una serie de distinciones, para poder avanzar en nuestro desarrollo. Diferenciemos tres campos que muestran superposiciones y divergencias notables que suelen inducir a confusión: Psicología, Psicoanálisis Psicoterapia.
La Psicología es una ciencia de observación que trata sobre  hechos de conducta. Es, por lo tanto, una disciplina de base empírica, cuyos métodos y criterios de validación corresponden a los de  ciencias como la Sociología o la Antropología, por ejemplo.
El Psicoanálisis “es una ciencia de interpretación que versa sobre relaciones de sentido entre los objetos sustituidos y los objetos originarios (y perdidos) de la pulsión” (Ricoeur P., 1978). Vemos así que las dos disciplinas difieren desde el punto de partida, tanto en cuanto al objeto como al método. Si a la primera la vinculamos con la Sociología y la Antropología, al Psicoanálisis debemos referirlo, si buscamos sus similitudes metodológicas y sus criterios de validación, a la Historia, y a la Crítica Literaria, tal como la conocemos desde Roland Barthes. El Psicoanálisis es a la vez una teoría y un método. Una teoría sobre el psiquismo inconciente y un método para indagarlo. En tanto método está esencialmente abierto, ya que puede ser practicado en los dominios más variados, tal como ocurre con el método de la física y la matemática después de Galileo y Descartes, con la dialéctica tras Hegel y Marx o con la fenomenología desde Husserl (Levinas E., 2005, trabajo original de 1959).
La Psicoterapia, incluida la psicoterapia psicoanalítica,es una práctica social perteneciente al campo de la Salud Mental, orientada hacia ciertos fines, socialmente valorados, cuyos pilares constituyen el meollo de esta ficha. Por razones históricas y epistemológicas, el Psicoanálisis se halla en los fundamentos de toda práctica psicoterapéutica hasta la actualidad. Debe quedar claro que ni el Psicoanálisis ni la Psicoterapia son capítulos particulares de una Psicología. En todo caso, el Psicoanálisis es una Psicología en sí mismo, y lo es de un modo muy particular. La Psicoterapia, a su vez, se apoya en conocimientos provenientes de la Psicología y de un amplio arco teórico, que abarca desde el extremo representado por las posiciones más pragmatistas (escuelas conductuales) hasta las que podríamos llamar pertenecientes al extremo subjetivo de la metafísica (Binswanger, o las escuelas ligadas al pensamiento de Buber). También puede hacerlo en distintas ciencias particulares (Neurociencias, Lingüística, Antropología, etc.).   
Revisando, entonces,  algunas características de la psicoterapia, tanto en lo que se refiere a su ejercicio, como a su forma de aprendizaje y transmisión,  hemos visto  qué implica afirmar que se trata de un saber de preeminencia práctica. Los tópicos distintivos que hemos discriminado, en este apartado, para el ejercicio de una práctica son cuatro, a saber: 1) el poseer un propósito; 2) la consecución del propósito genera a posteriori un saber teórico; 3) en el ejercicio y en la adquisición de ese conocimiento práctico opera lo que hemos llamado inconciente cognitivo con sus correlatos de aprendizaje implícito y conocimiento tácito; 4) esos procesos se caracterizan por operar mediante la observación conductas, y la  incorporación de las reglas que organizan esas conductas, permaneciendo estas últimas en un registro inconciente.
Estableceremos entonces ahora una primera característica de la naturaleza de la psicoterapia:

  • La psicoterapia es una práctica social orientada hacia propósitos curativos, que supone siempre alguna intención de cambio psicológico

 

2. La cuestión del lenguaje
La psicoterapia se desarrolla en el lenguaje. No mediante el lenguaje, sino en el lenguaje. Esto es así en tanto consideramos, no que poseemos un lenguaje, sino que habitamos  en su interior como el pez en el océano. El  ámbito natural de  esta práctica es el universo simbólico del lenguajear, para usar el divertido neologismo de Maturana.  Los únicos hechos que maneja la psicoterapia son los comunicacionales (por lo tanto siempre vinculares), ocupándose de aquello que los sucesos nos quieren decir. No nos referimos solamente a la palabra hablada, sino también, al gesto,  al síntoma orgánico, a la plástica corporal, o al acto, que cobran sentido en el contexto psicoterapéutico, en tanto significan algo. En ese significar, el lenguaje no sólo expresa un cierto contenido. Debiéramos decir, sólo secundariamente expresa un cierto contenido, primariamente configura la realidad,  crea  mundo. Hacemos nuestra, en ese sentido, la estrofa del poema de Stefan George: “Ninguna cosa sea donde falta la palabra” (Heidegger M., 1990, trabajo original de 1959).  Ese significar es, para la psicoterapia, principalmente lo que llamamos un significar de segundo orden. Lo comprenderemos mejor si lo cotejamos con la actitud médica, ya que frente al síntoma, también al médico le interesa comprender lo que los síntomas significan.
Consideremos un paciente que presenta el síntoma cefalea. Un médico querrá saber, cuál es la presión arterial, querrá conocer el estado de la columna cervical, la agudeza visual y muchos otros datos similares, para poder explicar el significado del síntoma (por ejemplo, hipertensión arterial) y operar sobre ello. Si un psicoterapeuta debe intervenir intentará comprender qué significa este síntoma, qué quiere decir en este momento de la vida de esta persona este dolor de cabeza. En el primer caso la explicación me llevará a discernir las causas del síntoma. En el segundo caso la comprensión me dirige hacia los motivos de ese síntoma. Ahora bien, cuando me posiciono como psicoterapeuta, esos motivos me son transmitidos por el síntoma como una expresión lingüística, que de un primer sentido: “me duele la cabeza, me ha subido la presión arterial” remite a un segundo sentido al que hay que acceder tras el trabajo de indagación psicoterapéutica, pongamos por caso: “estoy lleno de rabia e impotencia tras la discusión con mi jefe”. En un muy complejo entramado, junto a las causas médicamente discernibles,  el enojo es motivo de la hipertensión arterial, así como su  forma de expresión.  La hipertensión arterial es, en el contexto psicoterapéutico, un hecho de lenguaje, el paciente comunica (y se comunica a sí mismo) algo acerca de su acontecer íntimo, a través del síntoma. Se desprende, claro, que será un propósito psicoterapéutico lograr una expresión más “sana” del enojo.   Seguimos a Paul Ricoeur al afirmar que estas expresiones de doble o múltiple sentido se denominan símbolos y son, sin más, la materia prima del trabajo psicoterapéutico en el lenguaje. El trabajo específico necesario para comprender el significado de las expresiones lingüísticas de doble o múltiple sentido, los símbolos, se denomina interpretación, y la ciencia que de antaño se ocupa de las reglas de la interpretación se llama  hermenéutica.
Sabemos que la hermenéutica es la antigua ciencia que dicta las reglas a través de las cuales se hace posible la interpretación, y así la comprensión, del significado de los textos sagrados. Tal como desarrollamos en la clase sobre Ricoeur, además de este sentido, tradicional de la hermenéutica, como camino hacia la revelación de lo sagrado, el genio de Freud ha instaurado su  lugar  como el del ejercicio de la sospecha. Esto es, la interpretación psicoanalítica inaugura un interpretar que no lo es de un sentido que se revela en la medida en que nuestro entendimiento se haga merecedor de tal acontecimiento, sino de un sentido deformado por un afán distorsionador previo a su acceso a  la conciencia. Es esa intención deformante la que actúa sobre un contenido psíquico inaceptable hasta transformarlo en otro, símbolo de aquel primero, del que es necesario sospechar para descubrir la verdad latente. Sostenemos que la actitud hermenéutica es consustancial a toda psicoterapia. Sin embargo, la hermenéutica como ejercicio excluyente de la sospecha es patrimonio propio del psicoanálisis. Es esta una distinción particular que exige ciertas precisiones. Recurrimos a  la siguiente cita de Heidegger:

“La expresión hermenéutico se aproxima al nombre del dios Hermes. Hermes es el mensajero divino. Trae mensaje del destino, es aquel hacer presente que lleva al conocimiento en la medida en que es capaz de prestar oído a un mensaje. Un hacer presente semejante deviene exposición de lo que ya ha sido dicho por los poetas, quienes, según la frase de Sócrates en el diálogo Ion de Platón: Mensajeros son de los dioses” (Heidegger M., 1990, trabajo original de  1959)

Heidegger sostiene aquí que la hermenéutica trae un mensaje. ¿De dónde lo trae? En tanto mensajero de los dioses, Hermes aporta un conocimiento que proviene de un más allá de lo humano. En tanto modestos psicoterapeutas, con las herramientas a nuestro alcance, sólo podemos entrever que ese “más que humano” remite a un fondo fértil tras las fronteras de la conciencia. Algunos psicoterapeutas, como Jung, mantuvieron respecto de las construcciones simbólicas de sus pacientes, una actitud principalmente ligada a la revelación de un  sentido trascendente, que esos símbolos podían aportar a la cura, más que a trabajarlos como impostores, encubridores de un sentido disimulado. El método se aproxima más a la fenomenología de la religión que al psicoanálisis. Sus constructos teóricos, tales como Inconciente Colectivo y Arquetipos, han mostrado una natural apertura hacia la temática espiritual, no sólo desatendida sino menospreciada por el freudismo. Las Psicologías que se llamaron Humanísticas, fundadas por Abraham Maslow,  también se orientaron nítidamente en ese sentido, llevadas por su interés en comprender psicológicamente las posibilidades de desarrollo del potencial humano. Se produce aquí una brecha, que se irá ampliando en el tiempo, a partir de estas dos maneras de tratar el material simbólico que aparece en un proceso psicoterapéutico. Por un lado la interpretación como ejercicio de la sospecha (Freud y otras líneas del psicoanálisis). Por otro, la posibilidad de que la interpretación simbólica lleve, además, a la revelación de un sentido más vasto, enriquecedor por su propio contenido, más allá de señalar la presencia de un conflicto psicológico, y que sea conducente a la cura (Jung y las psicoterapias llamadas Humanísticas, que preferiremos denominar Experienciales y Constructivistas). De todas formas, debe quedar claro que son dos formas diferentes de tratar con los símbolos, aunque para ambas posiciones, el trabajo con el material simbólico forma parte de la esencia de la práctica.       
Surge aquí un punto polémico. Algunas líneas de psicoterapia, como el psicoanálisis, se asientan claramente sobre el trabajo de la interpretación. Otras se distinguen llamándose a sí mismas “no interpretativas”, como suele autodefinirse, a veces, la psicoterapia gestáltica. Nosotros afirmamos aquí una acepción amplia del término interpretar,  en tanto se trata del proceso de comprensión de las expresiones de doble o múltiple sentido (símbolos). Sostenemos que se trata de una característica inherente a toda psicoterapia,  aún para aquellas que se denominan “no interpretativas”, ya que toda psicoterapia, para ser tal, se apoya en lo que los sucesos (palabras, gestos, actitudes corporales, síntomas) significan, quieren decir. Existiría así un  espectro interpretativo  amplio, capaz de  abarcar:

  • La interpretación clásica freudiana, a cargo del analista.
  • La interpretación que adopta la forma de hipótesis de trabajo, cuyo contenido se discute y elabora junto con el paciente.
  • La interpretación cuyo peso recae sobre el paciente, no sobre el terapeuta, bajo la forma del awareness, darse cuenta o insight.
  • La interpretación que toma la forma de construcción de metáforas.
  • La interpretación que se despliega como construcción de narrativas o procesos de resignificación.

Desde este último punto de vista es necesario señalar algunas elaboraciones recientes dentro de la psicoterapia gestáltica, como las de Margherita Spagnuolo- Loebb que se ubican explícitamente en el campo hermenéutico. La autora italiana  abreva en los trabajos de Hans George Gadamer, discípulo de Heidegger y maestro de Ricoeur, sobre hermenéutica y narrativa personal (Spagnuolo-Loebb M., 2002).
Llegamos así a la siguiente característica:

  • La psicoterapia es una práctica que se desarrolla en el lenguaje, particularmente a través de la interpretación simbólica.

 

3. La cuestión de las relaciones entre  lo conciente y lo inconciente
El mundo Moderno nace junto con, y gracias a, la decisión cartesiana de poner a la conciencia, esto es, a la auto-percepción del yo, en el lugar de la suma e indubitable  evidencia de la existencia. La primacía del sujeto determina la verdad moderna, según la cual sentido y conciencia son idénticos Casi cuatrocientos años después Freud desplaza la conciencia del centro del sentido: descubre el Inconciente, a partir de lo cual inventa el psicoanálisis. Este cuasi-eslogan  hace justicia a dos hechos históricos que han tenido lugar. El primero de ellos es el acontecimiento que produce Freud al presentar y formalizar, para el pensamiento científico, por vez primera, los mecanismos y los modos a través de los cuales es procesado el material psíquico, más allá de la intencionalidad conciente. El segundo es el diseño de un instrumento capaz de explorar aquello que se ha descubierto. Ambos hechos están indisolublemente co-implicados, ya que “el inconciente freudiano” es aquello que se descubre a partir de la aplicación de la técnica psicoanalítica.  Una vez más, el color del cristal determina la calidad de lo que se mira.
A partir de estos acontecimientos, toda psicoterapia, para posicionarse como tal, ha debido pronunciarse sobre la cuestión de las relaciones asumidas entre Conciencia e Inconciente. Las posturas han sido variadas, así como las terminologías empleadas, y las consecuencias técnicas emergentes de ellas. Ya se trate de la supremacía de un Inconciente Colectivo por sobre el individual (Jung), de su pertenencia al cuerpo (Reich), de su estructuración al modo de un lenguaje (Lacan), de su identificación con un fondo estructurado y multipotencial del cual emergen las figuras de la conciencia (Perls), de su asimilación a una “caja negra” (Bateson), la noción de psiquismo inconciente es el gran descubrimiento fundacional sin el cual no es posible concebir el trabajo psicoterapéutico. Postularemos así, entonces, la siguiente característica:

  • Toda psicoterapia tematiza  las relaciones existentes entre lo conciente y lo inconciente, y resuelve técnicamente las maneras de afrontarlas.

 

 

4. La cuestión del vínculo terapéutico
La psicoterapia, desde sus orígenes, diferenciándose radicalmente del modelo médico, ha colocado en el centro de su tarea el prestar una muy detallada atención al vínculo que se forma entre paciente y terapeuta. De esta manera, a lo largo de la historia de las ideas que fueron asentando esta práctica, se ha reflexionado largamente sobre los aspectos relacionales implicados en fenómenos tales como la sugestión, la persuasión, la alianza, y el valor de la relación en situaciones particulares como la hipnosis, los contextos de aprendizaje, o el discipulado.
Mucho más que tomar la calidad del vínculo como un “factor a tener en cuenta”, al estilo de la relación médico-paciente, este ha adquirido, para la psicoterapia, naturaleza de materia prima del trabajo terapéutico, y ha marcado en este improntas técnicas. “Las dos principales líneas de pensamiento acerca de la naturaleza de la acción terapéutica se han organizado alrededor de los efectos mutagénicos de a) la interpretación, b) la interacción interpersonal” (Jones E., 2000, la traducción es nuestra)
Las nociones de transferencia y contratransferencia, han sido, en ese sentido, no sólo un hallazgo de la práctica, sino un instrumento al servicio de la técnica. Un elemento capital en ese sentido, es percibir hasta que punto queda involucrada entonces la propia subjetividad del terapeuta. En la relación se juegan, y muestran eficacia positiva o negativa, elementos inconcientes del terapeuta: sus asuntos pendientes, su deseo, y la posibilidad de orientarse mediante la resonancia “de inconciente a inconciente”. Surge de aquí la indicación inexcusable de que la psicoterapia personal del terapeuta se constituya en parte vital de la formación profesional, así como la supervisión de casos, sea una especie de segunda versión de “la terapia del terapeuta”.
Podemos arribar así a una nueva característica:

  • Toda psicoterapia reconoce que se activan en ambos protagonistas del vínculo terapeuta / paciente elementos inconcientes  inherentes al proceso de la cura, y busca la forma de instrumentarlos técnicamente.

Estamos en condiciones, ahora, de reunir las cuatro características desarrolladas, en un texto unificado que intenta brindar una aproximación didáctica a lo que podríamos considerar, hipotéticamente, como un grado cero de la psicoterapia: 

  • La psicoterapia es una práctica social, orientada hacia propósitos curativos, que supone siempre alguna intención de cambio psicológico. Se desarrolla en el lenguaje, particularmente a través de la interpretación simbólica. Tematiza las relaciones existentes entre el psiquismo conciente y el inconciente, resolviendo técnicamente las maneras de afrontarlas. Asimismo, reconoce que se activan en ambos protagonistas del vínculo paciente / terapeuta elementos inconcientes inherentes al proceso de la cura, y busca la forma de instrumentarlos técnicamente.

 

Bibliografía:

  • Pivnicki D. The beginning of psychotherapy, Journal of the History of the Behavioral Sciences, 5 (7), 238-247, 1969
  • Ricoeur P. Freud: una interpretación de la cultura, Siglo Veintiuno editores, México D.F., 1978
  • Levi –Strauss C. Antropología Estructural, Eudeba, Buenos Aires, 1976
  • Heidegger M. Construir, Habitar, Pensar (1951), rescatado de www.heideggeriana.com.ar en junio de 2008
  • Reber A. Implicit Learning and Tacit Knowledge (an essay on the Cognitive Unconscious), Oxford University Press, New York, 1993
  • Naranjo C. La vieja y novísima Gestalt, Cuatro Vientos, Santiago de Chile, 1990
  • Carlson N. Fisiología de la conducta, Ariel, Barcelona, 1999
  • Levinas E. Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger, Síntesis, Madrid, 2005
  • Heidegger M., De camino al habla, Odós, Barcelona, 1990
  • Spagnuolo-Loebb M. Psicoterapia de la Gestalt, Hermenéutica y Clínica, Gedisa, Barcelona, 2002
  • Jones E. Therapeutic Action. A guide to psychoanalytic therapy. Jason Aronson Inc., New Jersey, 2000

 

A pesar del parentesco señalado, la Psicoterapia se diferencia de la Medicina por muchas razones fundamentales, una de ellas es que incluye a pleno una cuestión de la cual el saber médico ha sabido desentenderse: la subjetividad del terapeuta. Volveremos más tarde sobre ese punto.

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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