Dr. Alejandro Napolitano
Lic. Ana Wainer
 
Psicoterapia Individual y Grupal
Asistencia psicologica
Grupos de Estudio y Supervisión Clínica
Formación en Gestalt AGBA
Consultores Baires Gestalt
Agenda Baires Gestalt
Material Bibliográfico Psicología Gestaltica
Links Baires Gestalt
Contacto Baires Gestalt
Baires Gestalt - Psicoterpia y Formación Profesional
 
MATERIAL BIBLIOGRAFICO

Ficha sobre Cambio Psicológico

 

Universidad de Palermo
Psicología Clínica y psicoterapia II
Profesor Titular: Dr. Alejandro Napolitano
Ayudantes: Lic. Carol Etchecopar; Lic.  Francisco Pontoriero
Ficha interna de la Cátedra procedente de desgrabaciones de clases 2006
Unidad: Cambio psicológico.
Primera parte: LOS CONTEXTOS DEL CAMBIO PSICOLÓGICO

 

“El fuego descansa cambiando”
Heráclito

En la clase introductoria intentamos algunas definiciones de paradigma. Revisamos las implicancias de estar sumergidos en un sistema de creencias.
También contextualizamos  el desarrollo de la materia según algunos vaivenes del paradigma moderno (temprano y tardío). Descartes: la razón en el centro del sentido. Kant: la relativización de la conciencia. Freud: la formalización del inconsciente que da paso al psicoanálisis y a las psicoterapias.
La descentración de la razón, como parte de la decadencia del paradigma moderno, abre un espacio donde se irán a instalar    las psicoterapias, de la mano de su fundador, Sigmund Freud. Vamos a ir un poco más adelante, y  vamos a analizar algunos conocimientos que a propósito de la noción de cambio psicológico, tienen que ver con lo que va a venir después del paradigma moderno, que como no sabemos bien qué nombre tomará,  lo llamamos “posmoderno”.
Estas nociones provienen  del campo de la física y la matemática, extendidas más tarde al mundo de la biología. Su llegada al terreno de la psicología es  tardío y aún parcial. Se presenta una cuestión curiosa en este sentido. El paradigma  clásico (moderno) en física  ha sido  claramente determinista, en el sentido de  pretender  predecir el orden, la organización y la evolución de los procesos físicos, a partir de ciertos datos empíricos. Esta situación fue cambiando sustancialmente  a partir de principios del siglo pasado, con algunas elaboraciones que empezaban a poner en tela de juicio que el mundo físico fuera un mundo tan concreto y predecible.  La teoría de la Relatividad, la Física Cuántica, el teorema de Göedel el Principio de Indeterminación de Heisenberg, han sido nociones  que comenzaron a relativizar mucho el conocimiento de nuestro mundo material. Esa mirada comenzó en la física y la matemática y  avanzó luego sobre la biología, pero aún no ha llegado al campo de la psicología con la suficiente fuerza.  Todavía, a pesar de que los mundos físico y biológico se han vuelto mucho más indeterminados, las corrientes principales de la psicología sostienen una posición exageradamente determinista acerca del mundo psicológico. Como si nuestra capacidad de predecir la evolución de los acontecimientos determinísticamente, se hubiera restringido en   el mundo de nuestros conocimientos  físicos y  biológicos, mientras que  el ámbito  de lo psicológico fuera determinable a partir de una docena de preceptos básicos. Es algo  para reflexionar: ¿cómo es que la ciencia psicológica ha ido un poco  detrás de los acontecimientos que estamos mencionando, y  permanece aún   fijada al paradigma determinista?

 

Analizaremos a continuación el proceso de: el cambio psicológico en el proceso psicoterapéutico. Esta ficha conforma la primera parte del tema, y trata de lo que hemos llamado los contextos del cambio psicológico. Presentaremos por lo tanto, algunas  condiciones que pueden ser denominadas fundamentos de la posibilidad de cambio, que, como veremos, están orientadas hacia la comprensión de las transformaciones  en los sistemas complejos.
Consideraremos una serie de conceptos, algunos extraídos del campo de la física y la biología que nos permitirán pensar el cambio psicológico desde una perspectiva, quizás, un poco  novedosa.
Nos atendremos al siguiente esquema:

  • Homeostasis: un concepto fundacional en la reflexión sobre los procesos de cambio en los sistemas complejos.
  • Autopoiesis: una característica distintiva de primer orden de los seres vivientes
  • Segundo Principio de la Termodinámica: en particular las consecuencias derivadas de la noción de entropía negativa.
  • Crisis: como la forma de transformación que se presenta en las complejidades organizadas.
  • Estructuras Disipativas: una concepción que permite ubicar el cambio psicológico en un entorno adecuado.
  • Metáforas de cambio: Esquemas que han permitido, a lo largo de distintos momentos del pensamiento científico, representarse el fenómeno.
  • Estructura de personalidad y cambio: distintos niveles de la organización psicológica que responden de manera diversa a los procesos de transformación.
  • Contextos biológicos y antropológicos del cambio psicológico:
    1. Neotenia: lo expondremos apenas, es un concepto ligado al estado de carencia básica que caracteriza a la cría humana.
    2. Neuroplasticidad: una característica del tejido nervioso que se ha convertido en los últimos años en la base de la comprensión biológica de la memoria y el aprendizaje.
    3. Epigénesis: analizaremos la capacidad que tienen las experiencias vividas de facilitar la expresión, o no, del material genético.

 

 

Homeostasis
El concepto de homeostasis suele aparecer ligado a la noción  de equilibrio, lo cual es en parte cierto y en parte no. La homeostasis es un principio que nació en el dominio de la Fisiología, a mediados del siglo XIX,  a partir de los trabajos de Claude Bernard. Sin embargo, quien acuña el término es el fisiólogo Cannon  en 1928. Alude a la tendencia que tienen los sistemas vivientes a mantener estables ciertas variables. Homeo significa similar (homo quiere decir igual). Señala el hecho de disponer, los organismos vivientes,  de los mecanismos necesarios  (por ej. la retroalimentación negativa o feed-back negativo) para hacer que algunos parámetros biológicos  se mantengan dentro de un rango considerado  normal.  En orden a la evaluación de la homeostasis en un contexto de cambio, debemos considerarla de tres tipos diferentes (1):

  • Homeogénesis: es la acepción de homeostasis corrientemente utilizada. Refiere a la restitución del equilibrio tras haber sufrido este alguna forma de perturbación. Utiliza una concepción reversible y lineal del tiempo, que connotamos  psicológicamente con el fenómeno de la  repetición. Se la considera como de dos tipos, una reactiva y otra predictiva. Llamamos homeogénesis reactiva a los mecanismos puestos en juego para lograr un ajuste en respuesta a una variación del medio (incluyendo como tal   al medio interno). Por  ejemplo los ajustes termorregulatorios en respuesta al frío. Llamamos homeogénesis predictiva a los ajustes originados en la anticipación imaginaria frente a eventos  aún no ocurridos. Ejemplo  es la secreción de jugos digestivos al anticipar una próxima comida. En el terreno psicopatológico debemos consignar aquí los múltiples fenómenos neuroendocrinos que ocurren durante la anticipación catastrófica, síntoma cardinal en los Trastornos de Ansiedad.
  • Homeorresis: hace referencia a los sistemas dinámicos que subyacen en la homeostasis. Estos recursos   no buscan la vuelta a un estado anterior, sino que se orientan a alcanzar el desarrollo de potencialidades que se hallaban presentes en el sistema. Es muy importante comprender que la homeorresis remite a trayectorias de desarrollo teleonómicas relativamente fijas, prefiguradas en el sistema. No hay un aparecer de “lo nuevo”, sino un despliegue de “lo mismo”, en un nivel más avanzado de desarrollo, como, por ejemplo,  el modelo de las fases freudianas oral-anal-genital (ver más adelante “Metáforas de cambio”).
  • Morfogénesis o autopoiesis: la morfogénesis autónoma, o, en términos de Maturana y Varela, autopoiesis (ver luego), es la capacidad que poseen los seres vivientes de construirse a sí mismos. Con esta capacidad vamos más allá de la homeorresis, ya que la morfogénesis no se atiene al desarrollo de un curso prefijado. Se trata  aquí de la capacidad de producir evolución, revolución, transformación, mutación o salto cuántico (según  la terminología que mejor se adapte). Partiendo de “lo mismo”, utilizando la recursividad como método privilegiado,     se logra el surgimiento de “lo nuevo” (lo absolutamente nuevo). Se trata de la utilización de la información, no como una mera provisión de datos, sino en su dimensión de fuente de combinatorias posibles. La información, procesada de este modo puede, entonces,  producir el surgimiento de propiedades emergentes. Ejemplos de lo dicho son:
    • el surgimiento de los fenómenos mentales como una propiedad emergente de la actividad neuronal.
    • El surgimiento de caracteres novedosos, multigénicos como una propiedad emergente del proceso de epigénesis (ver luego) 
    • El surgimiento de posibilidades casi infinitas en la producción de anticuerpos en el sistema inmunitario, como una propiedad emergente del recurso llamado splicing alternativo.

 
La noción de Homeostasis expandió sus límites de influencia más allá del terreno de la fisiología. Freud  utilizó el concepto bajo las denominaciones de principio de inercia y principio de constancia para producir, en el Proyecto de una psicología para neurólogos  una primera  teoría psicoanalítica de la motivación .  Sostiene en el “Proyecto…”  que nuestro aparato psíquico tiende a mantener un cierto equilibrio homeostático. Cuando ese equilibrio se altera aparece una tensión que es vivida como displacer. Esto lleva a buscar conductas que  permitan descargar la tensión para volver al estado de equilibrio.  La conducta que descarga la tensión está asociada a la vivencia de placer. Esta dinámica  elemental: tensión-displacer, descarga-placer-relajación, es presentada como el impulso inicial de toda motivación. 
La evidente presencia de las tensiones placenteras lleva a Freud a una primera revisión en la cual la motivación es mostrada como un sistema homeostático autorregulado, y más tarde como la oposición entre Eros y Thanatos. En todos los casos las metáforas son de base energética, apoyadas en el modelo de las pulsiones o instintos. De las posiciones críticas frente a esta mirada nos interesa la de Maslow, por marcar el inicio de las llamadas Psicologías Humanísticas.  Abraham Maslow en el capítulo 3 “Motivación de la deficiencia y motivación del desarrollo” del libro “El hombre autorrealizado” (2), establece una diferencia entre las necesidades de desarrollo y las necesidades básicas o de déficit, y dice que la dinámica propuesta por Freud sirve para explicar la motivación relativa a  las necesidades mas elementales de nuestro ser psicológico, pero no explica  las de desarrollo. A pesar de ser muy sencilla, la teoría de la motivación de Maslow, es muy interesante y  bastante consistente. Él divide la motivación en, motivación por  deficiencia, es decir, la motivación clásica freudiana, y motivación de desarrollo,  de realización o auto-actualización que sería la motivación distintivamente humana. Esta idea marca un hito en el nacimiento de las Psicologías Humanísticas, al señalar una diferencia entre la motivación como una pura descarga de tensión o como ligada a la necesidad de realización.
Si bien Maslow sostiene que para dar paso a la motivación de autorrealización es preciso antes satisfacer las necesidades básicas o de deficiencia, la experiencia muestra que las cosas pueden ser distintas.  Numerosas  obras de arte, o producciones del conocimiento  se dan  en situaciones en las que las necesidades básicas, lejos de estar  satisfechas se encuentran en estado calamitoso.  Hay obras de arte,  musicales o literarias escritas en  campos de concentración o en situaciones patéticas de desesperación. La búsqueda de realización a través de la expresión genuina parece ser  una necesidad humana  que no se adapta al mecanismo propuesto de descarga de la tensión  y que tampoco requiere necesariamente de la satisfacción de las necesidades básicas.
Volviendo sobre la noción de homeostasis, digamos que el pensamiento científico contemporáneo tiene una mirada crítica acerca de considerarla como restitución del equilibrio.  Es  muy discutible que podamos definir  los organismos vivientes como buscadores de equilibrio. Las aproximaciones  actuales a los sistemas complejos, como los seres vivientes,  nos dicen que se trata de  seres especializados en mantener estados estables (steady states) alejados del punto de equilibrio. Si observamos detenidamente un organismo viviente, más que equilibrio veremos un desequilibrio organizado. El verdadero equilibrio es el que se produce a partir del momento de la muerte, cuando el organismo fusionándose con el medio ambiente,  lentamente, equilibra su temperatura con la del medio, los elementos que lo constituyen se funden con los del medio y el que era el organismo, entra en equilibrio con su entorno. Pero mientras el organismo vive, su vida consiste en mantener estados altamente desequilibrados en forma estable durante largos períodos. Por ejemplo, mantener la temperatura muy diferente a la del medio ambiente, mantener en el interior del propio organismo, compartimentos separados, con concentraciones de sustancias que difieren extraordinariamente entre sí, separadas por delgadas membranas, y otros muchos ejemplos similares.  Se señalan así situaciones de gran desequilibrio, mantenidas con el consumo de grandes cantidades de energía. De un lado de una membrana muy fina hay una sustancia a alta concentración y del otro lado está la misma sustancia pero con una concentración bajísima. Hay un enorme esfuerzo bioquímico en el mantenimiento de esas diferencias. Diferencias eléctricas, de concentración de sustancias, todo tipo de diferencias. Un organismo viviente es algo muy complejo, capaz de mantener estables estados de sofisticados desequilibrios. Si bien es verdad que los organismos tienden a mantener estables ciertas variables no se puede definir un organismo viviente en función del equilibrio y sobre todo en función del equilibrio con el medio. Más acertadamente  la vida debe ser definida como caracterizada por estos estados estables alejados del punto de equilibrio.

 

Autopoiesis
Decíamos más arriba que una de las características básicas de los seres vivientes es la autorganización. Humberto Maturana y Francisco Varela, que son  biólogos y filósofos,  llaman a esta propiedad autopoiesis. Son sinónimos. Autopoiesis quiere decir, capacidad de crearse a sí mismo. Poiesis es creación, es la raíz de la palabra poesía. La formación de glóbulos rojos, blancos y plaquetas, por ejemplo,  hematopoiesis. Se trata de la capacidad que tenemos los seres vivientes de crearnos a nosotros mismos. Por ejemplo, si  tengo dos vasos y en uno pongo un poroto y en otro un grano de maíz, contando con que los dos van a tener el papel secante y los rayos del sol,  de uno va  a salir una plantita de poroto y de la otra va a salir una de maíz.  Cada uno, tomando humedad y luz, tiene capacidad de crear algo, cuya información tenía incorporada, dándose a sí mismos la forma que tenían para dar. Esa capacidad de crearse a sí mismos, se llama autopoiesis o autoorganización, o como la nombrábamos antes,  morfogénesis. La forma que tiene una piedra (en el nivel macroscópico) es resultado de todos los impactos que recibió en su historia como piedra. Si estuvo en el agua, si recibió mucho calor, si se le cayó otra piedra encima, tiene las marcas exteriores de lo que le sucedió. Un organismo viviente no adquiere su forma por los acontecimientos exteriores, aunque estos influyan mucho, sino por un programa que tiene dentro que le permite adquirir cierta forma o ser de determinada manera. Y yendo aún más allá, el libre juego de las combinatorias de las múltiples variables de  que dispone le permitirá, autopoiéticamente, generar propiedades emergentes nuevas e imprevistas.

 

Segundo Principio de la Termodinámica. Crisis
Para poder seguir avanzando, es necesario incorporar otro concepto que enriquece la cuestión de la autoorganización de los complejos sistemas  vivientes. Esta noción también tiene algo para decirnos respecto de  la puesta en duda del paradigma moderno. Es lo que se conoce como el muy famoso Segundo Principio de la Termodinámica. Para poder entender este principio, tenemos que conocer primero la noción de Entropía. El principio se ha hecho tan famoso que he visto a Woody Allen, hablar de él en una de sus películas. Su interpretación es  que el segundo principio afirma que todo se  irá finalmente al demonio, que vamos a perder el partido, que no podemos ni empatarlo  ni irnos de él. No está nada mal su comprensión del asunto.
El Segundo Principio dice que: en un sistema termodinámicamente cerrado la entropía tiende a un máximo.  Prevé lo que se llama la muerte térmica del Universo, afirma que el Universo está condenado a desaparecer. Para poder comprenderlo mejor, definamos primero  entropía. La entropía es una medida, es decir una magnitud. Así como el centímetro o el grado son  medidas de la longitud o del calor, la entropía mide el nivel de orden o desorden de un sistema.
Un sistema muy desordenado tiene mucha entropía y un sistema muy ordenado tiene poca entropía, entonces;


Recordar que el “Proyecto…” es de 1895, y si bien la palabra homeostasis aún no existía, la noción, a partir de Claude Bernard, tenía plena vigencia en el mundo científico.

Cuando se dice orden y desorden no se está aludiendo  a un concepto subjetivo, sino al hecho que, las condiciones aleatorias en que evolucionan los sistemas en forma espontánea llevan a que la mayor probabilidad es que se organicen de manera desordenada (esta manera de explicar las cosas se conoce como termodinámica estadística). Por ejemplo, si  arrojo algunos   millones  de letras al aire, es muy difícil que cuando caigan, lo hagan de forma tal que hayan escrito el Quijote de la Mancha. Es una probabilidad por qué no? Pero es muy pequeña, lo más probable es que caigan como una sopa de letras incomprensible. Esto es lo que prevé el Segundo Principio al decir, que la aleatoriedad del azar tiende a organizar sistemas desordenados. Más que eso, dice que en un sistema termodinámicamente cerrado la entropía tiende a aumentar en forma permanente. El único sistema termodinámicamente cerrado es el universo en su conjunto. Entonces el segundo principio dice que la entropía del cosmos está en incremento permanente, que ese es un fenómeno inevitable, y por lo tanto,  que en un momento indeterminado, en un punto hipotético, el universo se extinguirá.  Todo lo que nosotros vemos como estructuras altamente ordenadas, todos esos procesos tan ordenados y encadenados, desde las estructuras cristalinas, las galaxias, hasta los seres vivientes,  desaparecerán, dando lugar a un todo caótico (Cosmos = Orden, Caos = Desorden). Prevé que los sistemas ordenados serán en algún momento totalmente superados por el desorden. El Segundo Principio se expresa a través de una serie de fórmulas matemáticas, que, debidamente aplicadas, permiten calcular la entropía de cualquier sistema.  Ese cálculo, llevado a los sistemas  galácticos,  al universo en su conjunto, muestra su consistencia, es decir, permite calcular que la entropía del universo se incrementa. Los biólogos fueron los primeros en afirmar que esto no era posible. En su práctica científica constataban a diario que los seres vivientes  conforman estructuras con un muy alto grado de orden,  que no solamente  reproducen, sino que además  complejizan en el tiempo. La evolución puede ser entendida como la complejización progresiva de estructuras con un muy alto grado de orden. Por lo tanto, ¿cómo sostener que la entropía se halla en aumento?

 

Estructuras Disipativas y Segundo Principio
La discusión se tornó interminable. Resolver el acertijo llevó treinta años, y quien lo resolvió se llevó el premio Nobel de química en 1970: Ilya Prygogine, con su teoría de las estructuras disipativas . La solución consistió en aclarar debidamente dónde hacemos  la puntuación o el corte para medir la entropía de los sistemas. Pongamos por caso que yo tome, como sistema termodinámicamente cerrado, una placa de vidrio de esas que usan los bioquímicos para hacer un cultivo bacteriano, en la que siembro una gota con bacterias. En la placa hay un caldo de cultivo. Entonces, a las dos horas las bacterias se habrán reproducido por millones, y al cabo de un día por miles de millones. Voy a tener, al día siguiente de la siembra, una gran superficie de la placa cubierta  con las bacterias.  Si  considero este sistema como termodinámicamente cerrado, veré que en una parte del sistema (sub-sistema bacterias) se han reproducido a  gran velocidad estructuras altamente complejas con un elevado nivel de orden: las bacterias. Por lo tanto, en esta región del sistema, la entropía disminuyó.

 

Entropía en un subsistema y en el sistema completo:

En la zona en que se reprodujeron las bacterias podré medir una gran disminución de la entropía. Ahora bien, si  aplico la fórmula al sistema en su conjunto (sub-sistema bacterias + sub-sistema caldo de cultivo remanente), la entropía aumentó, y lo hizo exactamente en la medida en que lo prevé el segundo principio. Quiere decir entonces, que la evaluación del nivel entrópico  depende de donde  haga el corte que decide los límites del  sistema. Si limito mi sistema  a las bacterias, es decir, al mundo viviente, voy a encontrar que la entropía ha descendido, o sea, que ha aumentado el grado de orden, pero si tomo el sistema en su conjunto, veo que se ha incrementado la entropía positiva. Las bacterias, además de consumir los nutrientes del caldo de cultivo, producen una gran cantidad de detritos, bacterias muertas, excrementos. Antes la placa contenía una gran cantidad de glucosa, de la que las bacterias se nutrieron, y al crecer van produciendo  gases, dióxido de carbono, formas degradadas de la glucosa, bacterias muertas, etc. Decimos entonces que el sistema está más desorganizado en su conjunto de lo que estaba al principio de la experiencia. Quiere decir entonces, y ahora lo vamos a ver con mayor detalle, que la acumulación de orden, la diferenciación o complejización, lo que llamamos crecimiento, disipa desorden, es decir, contamina, produce alguna forma de polución.   Retengan este concepto al que vamos a volver un poco mas adelante: toda acumulación de orden, toda diferenciación, crecimiento, complejización, desarrollo, de cualquier tipo que sea, produce desorden en su entorno. Entonces, la vida se caracteriza por crear estructuras altamente ordenadas, como son los seres vivientes, pero estamos empezando a ver que los seres vivientes desarrollan mucho orden, a costa de desordenar el ambiente en el que viven.
Ahora podemos decir que, si tuviéramos que definir la autoorganización (autopoiesis), usando la noción de entropía, diríamos que la autopoiesis es la capacidad de desarrollar estructuras  neguentrópicas  (con mucha entropía negativa, por lo tanto con  un alto grado de orden).
Analicemos un gráfico que desarrolló Prygogine en 1970, según nos lo presenta Mahoney (3):

Gráfico de estructuras disipativas de Ilya Prygogine:

 

Si bien la elaboración inicial de Prygogine fue respecto de las estructuras cristalinas, fueron los terapeutas sistémicos los primeros en descubrir su extensión posible a los sistemas familiares, y más tarde al campo de la psicoterapia en general. Por lo tanto, estamos en condiciones  ahora, de hacer  una lectura psicológica del trabajo de Prygogine.
Tenemos en  abscisa  el tiempo y en  ordenada la entropía, que aparece vinculada a niveles de información. Apliquémoslo a un sistema altamente ordenado como lo es el sistema psíquico. Analizaremos en términos de entropía algunas vicisitudes  a las que aparece sometido el sistema, cuando se abren esos estados particulares que denominamos Crisis.   Imaginemos una situación catastrófica,  muy crítica, como podría ser la muerte de un familiar.  Para incluir el elemento de lo inesperado, imaginemos una situación desgraciada que no suele estar en las previsiones de nadie, como lo es la tragedia de la muerte de un hijo.
Al tiempo cero de esta situación crítica lo vamos a llamar umbral de inestabilidad. Ese es el momento en que irrumpe en el sistema psicológico una situación completamente inesperada. No había previsión ni programa para esta situación. Vamos a indicar  esta situación de punto cero, de umbral de crisis, como una situación 100% novedosa y 0% familiar. No hay  vivencia de familiaridad frente a lo ocurrido,  es lo absolutamente extraño.  En este momento, frente al grave trauma, el sistema psicológico que se hallaba organizado,  va a comenzar a oscilar y desorganizarse.  En términos de entropía, a medida que va avanzando la crisis, asistiremos a su incremento.  Una persona con una vida  organizada, con sus valores, su mundo emocional  e ideativo conocidos, sufre una ruptura, comienza a desorganizarse. Aludimos con la palabra desorganización a  la tendencia del sistema a  tornarse caótico, imprevisible, a recurrir a dispositivos regresivos para su autorregulación. Una persona en situación de catástrofe puede permanecer en el rincón de un cuarto, en actitud catatónica,  aunque no se trate de una persona psicótica. En los términos sistémicos, entrópicos, que estamos utilizando en este modelo, decimos que  el sistema se está desestructurando. Supongamos que esa persona, a pesar de la situación catastrófica que atraviesa,  como tantas otras personas que en la vida  han soportado  situaciones horribles, logra, no obstante, ir reorganizándose nuevamente. Entonces, si lo hace,  en los términos que estamos utilizando, diremos que la entropía comienza a  disminuir, volviendo a ordenar sistemas cohesivos. Si esta persona no solamente se reorganiza sino que además logra, en función de la situación  caótica que le tocó vivir,  reformular  su sistema psíquico tornándolo más complejo y abarcativo,  podremos llevar la curva aún por debajo del punto anterior y decir que su sistema está   más complejamente organizado. A este fenómeno psicológico lo conocemos como  resilencia.
Prygogine señaló que mientras el organismo (en su modelo original las estructuras cristalinas) acumulaba entropía negativa y se hacía  más organizado, disipaba caos al medio, desorganizaba el medio en que se encontraba. Esto no aparece en el modelo como una circunstancia fortuita, un epifenómeno, sino como una consecuencia inevitable e inherente a todo evento neguentrópico. A la vez aparece un  pre-requisito del medio, imprescindible para que se dé el proceso autopoiético. ¿Cuál es la condición del medio que solicita el proceso autopoiético?: un adecuado nivel de organización propia. Es decir, el organismo solamente puede auto-reorganizarse si cuenta con un medio lo suficientemente ordenado como para nutrirse de ese orden y exportar desorden. Este fenómeno que se denomina  disipación, y le otorga el nombre al modelo, es el gran descubrimiento de Prygogine. No es posible ningún crecimiento autopoiético sin un medio soportativo. Su condición de sostén se da  en términos de orden. Un sistema que contenga y que soporte el desorden que produce la acumulación de  orden por parte del sub-sistema en crisis.  Desde este punto de vista, cualquier tipo de desarrollo, crecimiento, cura, o como  se lo llame, implica un nivel de desorganización del medio, en el cual el fenómeno se produce. Si un organismo crece, va a producir cierto desorden en aquello que, en cada caso, consideremos su medio circundante. No hay  posibilidad de crecer sin disipar  desorden al medio. Por esta razón, el medio debe ser  suficientemente soportativo (ordenado en términos de entropía) para que el desarrollo pueda darse. Si el medio no es capaz de asimilar ese desorden “exportado”, el desarrollo no es sustentable. Cuando hablamos de orden, lo estamos haciendo también de información. De la información necesaria para diseñar y sostener un orden determinado. De allí que se sostenga la concepción informacional del segundo principio, que afirma que entropía negativa es igual a acumulación de información. Lo que permite, entonces, la acumulación de entropía negativa por parte del organismo en desarrollo es la incorporación de información del medio.
En el ejemplo que estuvimos considerando, esta madre o padre que logra sobreponerse a la muerte de un hijo,  para poder hacerlo, desorganizará  otros aspectos de su vida,  modificará   valores,    vínculos. Algunas áreas devendrán  caóticas. Para producir algo  diferenciado  tendrá que desorganizar  (caotizar)  otras regiones del sistema. Este acontecimiento no es optativo, no es que la persona dice, bueno, voy a ver si desorganizo la familia, la pareja, el negocio. No solamente no es optativo sino que es inevitable. Si se logra un  desarrollo en algo, va a aparecer caos o involución en otra región del sistema.  El crecimiento se produce de esta manera. Por ejemplo, veamos un caso opuesto a la tragedia que acabamos de considerar. Cuando nace un bebé se produce también un tipo particular de caos en el entorno familiar. La pareja, toda  la vida familiar se pone un poco caótica. La vida se trastoca toda, y el bebé solo va a poder crecer gracias a que  el gran caos que  produce es proporcional al gran desarrollo que también está produciéndose en él mismo, a costa del desorden familiar.
 
Volvamos al gráfico. Las palabras novedad y confirmación aluden a algo que denominamos vivencia de familiaridad.  Lo que se pierde con la irrupción de la crisis, lo que desestabiliza, es la ausencia de vivencia de familiaridad. El acontecimiento está fuera de todo programa, no hay repertorio de acción dentro del sistema para responder al  suceso.
Entendamos entonces que, para entrar en una situación de crisis, no es imprescindible que la situación sea catastrófica en el sentido corriente de la palabra. A fines didácticos hemos utilizado un  ejemplo grosero (la muerte de un hijo), pero lo esencial del asunto es que las situaciones capaces de desencadenar una crisis poseen como característica esencial su capacidad de ser disruptivas, no necesariamente peligrosas o dañinas en sí mismas. Veamos el siguiente ejemplo. Supongan que alguien va caminando por la ciudad, y que a las 12.30 del mediodía, por una calle de Palermo, ve varios chicos de guardapolvo  cruzando la calle. Se trata de una situación absolutamente normal, por lo familiar y esperable. Quien va pensando en algo continuará  en lo suyo,  en cierto modo ni siquiera verá realmente el grupo de niños. Ahora supongan  ustedes que nuestro transeúnte imaginario se encuentra manejando su automóvil,  por la ruta 8, a las 3 de la mañana, en el kilómetro 454. En ese momento  ve  unos chicos de  guardapolvo  intentando cruzar la ruta. La situación no tiene nada, en sí misma, de peligrosa, sin embargo, es posible que el personaje en cuestión se alarme, intente hallar explicaciones, dude de su lucidez, detenga el auto, o acelere intentando huir de no se sabe qué, etc. Perplejidad ante lo inesperado, vivencia de falta de familiaridad. La situación no tiene que ser necesariamente peligrosa para ser catastrófica, sino estar por fuera de las normas que regulan la construcción de la realidad.
Para abrir un espacio de  crisis no es necesario  que se trate de  un acontecimiento externo, tampoco que ocurra algo terrible. Puede desencadenarse  una crisis  por una disrupción subjetiva.  Súbitamente me doy cuenta de que algo que creí significativo para mí ya no lo es (y viceversa). No ha sucedido nada objetivamente. Es la experiencia subjetiva de que  algo percibido como muy hondo, está oscilando.  Podemos imaginarnos  una crisis vocacional, o existencial, donde objetivamente (en el “mundo real”) no pasa nada.  Puede tratarse de una crisis vital, ligada a los ciclos cronológicos,  experimentada como la propia evolución del sí mismo. El descenso  de la curva (autopoiesis) quedará entonces  referido a  comprender lo que está ocurriendo, resignificarlo, encontrarle (o construirle) un sentido. Vistas así las cosas nos vamos aproximando a la noción de salud psíquica que  consideraremos en la materia, ligada a la noción de cohesividad psíquica. Retengamos esta noción que, para arribar al umbral de crisis no es necesario  padecer  un impacto exterior. Es posible que el propio devenir del sujeto lo ocasione.
La siguiente característica a destacar es la dinámica no lineal que siguen estos procesos. La física clásica nos tenía acostumbrados a que a un paso le sigue otro paso y a ese otro paso predecible. Para conocer por qué acaba de suceder esto, tengo que ver inmediatamente hacia atrás en una  temporalidad que es lineal. Ir un momento hacia atrás para encontrar la concatenación de los hechos, causa – efecto que  lleva de un hecho a otro. Los fenómenos catastróficos utilizan una dinámica no lineal, es decir, no es posible seguir el acontecimiento punto a punto. Cuando se abre el umbral de crisis sucede algo así como una explosión,  un estallido, donde se disparan múltiples posibilidades en un régimen aleatorio. Muchas cosas pueden ocurrir y es muy difícil establecer el orden en que se desencadenarán los procesos, ya que el conocimiento de las condiciones de inicio no permite prever el curso de su desarrollo.  Estuvimos, hace unos momentos, imaginando el caso de una evolución favorable. Nuestro “paciente ideal” había desarrollado, no solamente autopoiesis, sino resilencia ante el trágico suceso. No obstante, frente a la situación de crisis, también es posible el suicidio, la depresión, el brote psicótico o el trastorno orgánico, por poner algunos casos. El paciente puede convertirse en una persona resentida y cínica que se recluye en su casa, o desarrollar un delirio de perjuicio. En fin, las posibilidades son múltiples. Unas influyen sobre las otras y los   resultados momentáneos surgen de una ocurrencia aleatoria que muestra la imposibilidad de conocer los estados finales de estos procesos a partir del conocimiento de sus condiciones de inicio.  Se trata de crisis, estallidos, caminos que se bifurcan y bifurcaciones que se bifurcan.
La crisis no es un fenómeno que  puede ocurrirnos alguna vez. Desde este punto de vista la ocurrencia de crisis es un fenómeno inevitable, porque, en este contexto, llamamos crisis al modo que tienen las totalidades complejas  de crecer y desarrollarse. El famoso aforismo de que una crisis  es peligro y oportunidad a la vez, significa que es posible acabar desequilibrado,  inhibido, psicótico, o construyendo una subjetividad más rica. Crisis se llama al proceso natural del devenir  de las totalidades complejas.
Cuando una totalidad compleja, como lo es cada uno de nosotros, llega a constituir aquello que denominábamos “estado estable alejado del punto de equilibrio” (steady state), tal como  es, por ejemplo, una estructura psicológica cohesiva,   ha alcanzado un estadio complejo, que, como sistema, dispone de los recursos para mantener la pauta de su propia organización.  Un mundo cohesivo de relaciones estables, de roles diferenciados. Cuando cualquier sistema logra establecer ese tipo de estado estable, entra en una fase   conocida como clausura organizacional. El arribar a un estado estable, implica la tendencia a sostenerlo contra viento y marea. Podríamos llamarlo un ¨amesetamiento¨, es decir, he construido un mundo, he configurado una realidad y busco mantenerlos. La situación tiene la  ventaja de su  estabilidad y coherencia  y tiene la  desventaja de su dificultad para incorporar lo  nuevo. Entonces, como todo crecimiento consiste en la capacidad de integrar  lo nuevo,  lo otro, lo diferente, lo que está fuera de la clausura organizacional, de los parámetros, ¿cómo es posible crecer sin entrar en crisis? Cuanto más estable, más sólido es un sistema,  el único camino que le queda para crecer y desarrollarse es entrar en crisis. Es así que se producen algunas crisis, que de tan regulares  ya las conocemos por su nombre propio:   la crisis del 8vo mes, la crisis de la regulación de  esfínteres, la crisis de la adolescencia, la menopausia, el “nido vacío”, la tercera edad, etc. 
Estructuras estables que habían sido clausuradas, deben entrar en estado de “enfermedad” (“in-firmeza”), deben ablandarse, para poder luego rearmarse. Si no lo hacen  no hay crecimiento;  si lo hacen  sufren y además  perturban el ambiente. Ya vimos que  no hay posibilidad de crecer sin perturbar el ambiente, tampoco  de crecer sin sufrir, porque se hace necesario  desarmar lo hecho, de-construir  parámetros que  servían para el armado de  mundo, constitución de realidad. Finalmente entonces, crisis no es un accidente, crisis es el nombre que toma la forma o fenómeno natural que tienen los sistemas complejos de desarrollarse en el tiempo.
Enfermar  quiere decir perder la firmeza, ablandarse. Ahí aparece una acepción de enfermar como la posibilidad de un crecimiento.
A medida que un sistema entra en crisis, es decir ablanda su clausura organizacional, es decir, crece, se hace más complejo y más inestable. El crecimiento brinda más apertura, más porosidad,  más amplitud, más versatilidad, más riqueza,  pero también, en general, más inestabilidad, mas vulnerabilidad. Es decir, que a medida que los sistemas se complejizan y se vuelven más evolucionados también son más vulnerables, porque multiplican sus variables y están más abiertos.
En estos términos, definiríamos  salud psicológica, como un estado cohesivo, un estado coherente consigo mismo, funcional consigo mismo. Consigo mismo implica  en el mundo de la relación. No estamos usando para definir la salud mental pautas externas de adaptación. La pauta de salud surge del funcionamiento del propio sistema. Un sistema funciona de manera saludable cuando es coherente consigo mismo a la vez que abierto al mundo de la relación. Alcanzar el punto de auto-organización implica poder darle un sentido a los acontecimientos vitales. Entonces, podemos definir la salud psicológica como la construcción de sentido intersubjetivo, en la relación. Nunca es un sentido sólo para mí, sino compartido en la comunidad de los hombres. La construcción intersubjetiva de  sentido, es lo que mejor define la salud psicológica. Tomemos por ejemplo lo que conocemos como  la capacidad restitutiva del delirio. Sabemos que cuando un paciente psicótico, tras el momento más álgido del brote,   comienza a organizar ese caos en un delirio, comienza a explicarse a sí mismo, y a darle un sentido a lo inexplicable de su situación. En ese sentido, podemos decir que el delirio es un intento de curación  porque da sentido. Intenta instaurar un orden. 
Es importante, entonces, aprender a considerar el cambio y crecimiento psicológicos como un acontecimiento que se nutre de orden y desordena a la par.  
Lo que por un lado implica una forma de crecimiento y desarrollo, por otro lado provoca  desorganización  en el sistema.

 

 

Metáforas utilizadas para la representación del cambio  
El crecimiento implica procesos de cambio psicológico. Los procesos de   cambio se pueden representar a través de distintas metáforas (3).

  • Hipertrofia: el cambio es representado como la expansión de lo mismo en un tiempo que es lineal, uniforme. Es una aposición en el tiempo de nuevas estructuras.  Como los anillos concéntricos de un árbol.

 

                                   

 

  • Asociación lineal: en este modo de ver el crecimiento a un estadio o  estructura  necesariamente le sucede  otro determinado. Sólo  sucede alguno si  el anterior se ha consumado debidamente. Si no es así, sobrevienen distorsiones del desarrollo.

Aquí también estamos en presencia de  dinámicas en tiempo lineal. El tiempo es una sucesión de instantes perfectamente iguales entre sí.


 
                     

 

También se la puede imaginar en sentido de ascensión vertical, que remite a una mejoría,  superioridad o evolución  de lo que sucede sobre lo anterior.  Ej.: estadio oral, estadio anal, estadio fálico-genital.

                          

 

  • Ciclo: los ciclos de la vida, las estaciones,  los ciclos biológicos (como el sueño y la vigilia o el  ciclo menstrual). Ritmos.

El  tiempo es supuesto   uniforme; se trata de  la repetición del mismo episodio o episodios, enteramente similares entre sí.
Mircea Eliade utiliza la noción de ciclo en el análisis del mito del eterno retorno:   las civilizaciones  tienen un ciclo,  luego del cual vuelven a un inicio primordial. Nietzsche utiliza un pensamiento similar: la Historia  como repetición, cambian las personas, pero se vuelven a repetir las mismas situaciones en forma más o menos indefinida. 

                        
 

  • Homeostasis: noción de restauración del equilibrio. Una especie de sube y baja, ya hemos abundado sobre el punto:

 

                     

                                                
Todas estas formas de imaginar los procesos de cambio se dan en dinámicas de tiempo lineal.
Veamos otra serie de metáforas,   un poco más complejas, que permiten dar cuenta de nuevos procesos.
 

  • Bucle o espiral ascendente: incluye a la vez el movimiento circular y el ascensional o progresivo. El bucle, que ha sido objeto de muchísimas disquisiciones en las epistemologías ligadas a la complejidad,  implica una característica  muy rica para analizar los procesos de cambio: la recursividad. La recursividad es una vuelta sobre sí   que incluye dos movimientos: un movimiento circular y otro traslativo.  Hay  rotación, traslación y progresión.

Todos los sistemas complejos cambian o se desarrollan  utilizando procesos recursivos. Hay un  volver sobre sí y luego un salir hacia delante. El proceso terapéutico mismo es un buen ejemplo de  recursividad. Por un lado el darse cuenta o insight es una vuelta sobre sí: tomar conciencia de algo,    asentarse en ello y avanzar.  Por otro lado, lo que el paciente dice, pasa a través del terapeuta y vuelve sobre sí. Esto es recursividad. El viejo aforismo freudiano que entiende el análisis como un “oír y restituir”.
 

 

Algo viene del paciente al analista  y vuelve al paciente,  de una manera transformada.

                          

 

  • Diferenciación: es la capacidad de una estructura en  desarrollo de complejizarse, de hacerse cada vez más diversa.  

Esta es una característica típica del cambio en el sistema nervioso. El tejido nervioso cambia, crece y se desarrolla no por aumentar de volumen sino por diferenciarse, por hacerse cada vez más  complejo en el sentido de aumentar el número de sus conexiones.

                 

 

  • Balance dinámico: Esta forma de conceptuar el cambio ha tomado especial relevancia en psicoterapia gestáltica, a partir de la importancia que su fundador, Frederick Perls, adjudica, en el desarrollo de su sistema psicoterapéutico, a la noción de Friedlander de indiferencia creativa, como el “punto cero” entre un par de opuestos, a partir del cual el crecimiento psicológico es posible. Se trata de la dinámica de los opuestos complementarios, o sin más, interacción dialéctica. Dejando para más adelante en la materia una exposición más detallada del punto, bástenos ahora con señalar que lo percibido como un par de opuestos psicológicos se revela en el trabajo psicoterapéutico como dos aspectos, aparentemente divergentes, de un fondo, sustrato o fundamento que es único.   
  • Transformación: este tipo de cambio es el que mejor permite ver las dinámicas no lineales. El ejemplo clásico es el de la oruga que se transforma en mariposa. En un instante ha sucedido un proceso invisible que hace que haya un cambio  brusco, por el cual una cosa deja de ser de una naturaleza y pasa a ser otra diferente.

Lo que ocurre en los procesos de transformación,  es una disrupción en el decurso lineal del tiempo.
Un ejemplo clínico de lo que decimos es posible observarlo  en los cuadros de inicio de la psicosis esquizofrénica. Karl Conrad (5)  ha estudiado magistralmente en la esquizofrenia incipiente los cambios que ocurren en las vivencias del paciente como disrupciones en la temporalidad.

                    

 

Estructura de personalidad y cambio psicológico
Destacamos la importancia de tener en cuenta la estructura del carácter  al estudiar el tema del cambio psicológico, ya que consideramos a este último una  función de aquella estructura.
Podemos  representar la estructura psicológica  como un modelo constituido por una serie de tres anillos concéntricos:

 

  • El núcleo de estos tres anillos concéntricos (A) está constituido por una serie de  experiencias psicológicas fundantes llamadas procesos nucleares ordenadores. Se trata aquí de  experiencias ligadas a la constitución o  devenir sujeto del ente humano. La percepción de movilización en dicho nivel  suele estar ligada a estados de ansiedad muy importantes,  vinculados a  vivencias de despersonalización. Nos  organizamos psicológicamente siguiendo una serie de pautas que nos han permitido  ordenar nuestra experiencia. Esos procesos nucleares sostienen lo que podríamos llamar un “paradigma privado” o una “epistemología personal” al decir de Bateson. La concepción de “mi mismo” y “mi mundo”, sólo parcialmente conciente,  implica:
    1- La experiencia subjetiva de valor. Aquello que cada quien  ha logrado instituir como lo más y lo menos importante, fuente básica de  motivación. El valor es un elemento sostenido afectivamente.

    • Experiencia subjetiva de significado. Se encuentra vinculado con  la construcción de  realidad. Esta dimensión de la experiencia está menos ligada a la esfera afectiva que la anterior,  estándolo   más a la  cognoscitiva. Se relaciona con el entramado ideativo que   permitirá la representación de la realidad como una configuración de  entidades  significativas. Se denomina desrealización a la súbita vivencia de extrañamiento frente al mundo circundante.
    • Experiencia de construcción de identidad. Constitución de  self.  Aquello  que se mantiene igual,  lo que permanece estable en el tiempo. Puedo ver  una foto de mí cuando era pequeño y reconocerme.  Posibilidad del reconocimiento de sí. Algo que he construido me dice que,  desde ese niño a mí hay algo que permanece,   aquel niño y yo somos el mismo. Esa  es la noción de identidad. Llamamos despersonalización a la vivencia de la falta de reconocimiento de sí.
    • Experiencia de poder. Es la vivencia de  aquello de lo que me siento capaz, la perspectiva de mi propia capacidad para hacer, o el reconocimiento de mi incapacidad.

     
    Este entramado central forma el núcleo del self. Y podemos representárnoslo como rodeado por un segundo anillo constituido por una serie de proscrpciones y prescripciones (B).  Un conjunto de pautas acerca de lo que debo y no debo hacer. Mantiene estable ese núcleo central.  
    La tercera capa (C)  tiene que ver con los roles  que desempeñamos. Es posible cambiar roles. Ya es más difícil cambiar mi listado de proscripciones y prescripciones, cosa que en general sucede a través de situaciones más o menos críticas o de procesos terapéuticos.  Es mucho más difícil, modificar los valores, el mundo   construido, la propia identidad y la vivencia de poder personal.

    En las zonas representadas como A y B es inicialmente activo el proceso terapéutico, observándose en principio  los procesos de cambio.  La labor terapéutica, actuando sobre las aquí llamadas pautas prescriptivas y proscriptivas,  movilizan  defensas, que al ser puestas en funcionamiento en el contexto de la relación terapéutica, se denominan resistencia. Resistencia es el  proceso de defenderse de la intervención terapéutica. La movilización de las defensas asociadas a los procesos nucleares ordenadores,  las defensas del self, originan un fenómeno defensivo mucho más enérgico denominado reactancia. Se trata de  fenómenos que son en calidad similares pero en  cantidad de energía movilizada diferentes. La reactancia es ese movimiento defensivo que ejerce una persona cuando se siente cuestionada no por lo que hace sino por lo que es. Los procesos de cambio psicológico son posibles en cualquiera de los niveles que estamos considerando, pero cuanto más centrales son, las estructuras son más estables y más lentos los procesos de cambio, así como  más limitados.
    A lo largo del  proceso terapéutico la persona puede cambiar  conductas, puede permitirse cosas que antes no se permitía o evitar hacer cosas que antes hacía. Aún así,  es mucho más difícil cambiar  valores o  el sentido de la propia identidad.

     

    Contextos biológicos y antropológicos de la posibilidad de cambio psicológico  

    Para analizar los  procesos de cambio psicológico, es necesario tener en cuenta  elementos que pueden verse como condicionantes del cambio psicológico posible.
    Estos condicionantes conforman en realidad un contexto, biológico y antropológico que hacen a la capacidad de cambio que mostramos los seres humanos.
     
    Neotenia: Una característica antropológica, la más obvia, que ha impresionado desde siempre,  es la carencia básica con la que la criatura humana llega al mundo. Esa carencia, cuando es considerada como prematurez, lleva un nombre: neotenia.  El ser humano acaba de constituirse como ser biológico nutriéndose en forma inevitable de los vínculos que lo sostienen. Cualquiera de nosotros  hubiera perecido, sin ninguna posibilidad de supervivencia,  si hubiera sido librado a su propio cuidado cuando recién nacido. Mucho más que cualquier otro mamífero. El grado de dependencia, de la criatura humana de aquellos que lo crían es tan extrema que hace que los vínculos pasen a constituir parte misma de su sustancia de crecimiento Esa premisa antropológica es importantísima para entender los procesos de cambio humano. Ver en el syllabus bibliografía de profundización sobre este punto.

    Neuroplasticidad: la neuroplasticidad es una característica común al sistema nervioso en general. Es la capacidad que tiene el tejido nervioso de regenerarse, crecer y desarrollarse en función de la estimulación, o en términos más afines a nuestra tarea, de la experiencia. El cerebro es ese órgano cuya forma de ser es siendo,  por lo que la experiencia vivida permite su modelado. 
    A partir del siglo  XIX, con el desarrollo de las  técnicas de tinción del tejido nervioso, comenzó a tenerse una visión  extraordinariamente compleja del sistema nervioso. Los biólogos,   tal vez maravillados por la enorme complejidad de lo que estaban descubriendo, creyeron entender que el sistema nervioso  se caracterizaba por  fijarse  una vez que alcanzaba su completo desarrollo, sin poder  ya modificarse más. Ante la evidencia de la falta de reproducción de las neuronas, se reafirmó   la noción de la fijeza del sistema.  De ahí en más, como el mismo Santiago Ramón y Cajal escribe, “lo único que le queda es declinar”.  Las neuronas que mueren ya no son reemplazadas por ningunas otras.
    Esa concepción fijista acerca  del sistema nervioso  fue tan evidente que se convirtió en un dogma. Este dogma se fue consolidando entre 1880 y 1920. Es esa  la época de las grandes descripciones de la estructura íntima del cerebro. Ese dogma fue  revisado y hoy en día estamos viviendo en el anti-dogma.
    Los primeros en cuestionarlo fueron un fisiólogo canadiense,  Hebb y un psicólogo polaco llamado Kronovski, que descubrieron lo mismo trabajando con métodos completamente diferentes. Hallaron lo que pasó a llamarse  el efecto Hebb / Kronovski. Descubrieron que si una neurona era intensamente estimulada con dos estímulos simultáneos, se mantenía activa por tiempos muy prolongados después de finalizada la estimulación. El fenómeno que descubrieron se conoce hoy en día como LTP ó potenciación de largo plazo (long term potentiation) Cuando una neurona recibe estímulos simultáneos de alta intensidad ambos,  con el mismo patrón  de descarga, se mantiene luego activa, descargando durante lapsos más prolongados de los que eran esperables. Esta potenciación de largo plazo que se descubrió alrededor de los años 50, está hoy en el fundamento de casi todos los procesos de aprendizaje y memoria.
    El siguiente descubrimiento  nos pone aún más claramente sobre la pista de la neuroplasticidad. Se trata de los hallazgos de la neurobióloga italiana  Rita Levi Montalcini  (por los que recibió el premio Nobel de Medicina). Su descubrimiento  trastorna el dogma fijista. Encuentra una sustancia a la que denomina NGF (Nerve Growth Factor), factor de crecimiento nervioso. En las zonas lesionadas, donde el tejido nervioso está dañado,  aparece una sustancia que promueve  el crecimiento de las neuronas. Hoy en día se conocen numerosos  factores de crecimiento neuronal. Lo que se pudo ver, originalmente, fue que si se agregaba NGF a un cultivo de neuronas,  los axones y las dendritas comenzaban a crecer a gran velocidad. Ese es el momento en que se funda la noción de neuroplasticidad. Se constata poco tiempo después,  que esa capacidad de crecer, arborizarse y desarrollarse no era solamente debida a la existencia de una injuria, sino que era la respuesta natural de la neurona a la estimulación; es decir que la experiencia producía crecimiento neuronal.
    Actualmente sabemos que  los principales fenómenos neuroplásticos son:

    • Aumento de la fuerza y eficacia de las sinapsis: potenciación de corto y largo plazo.
    • Sinaptogénesis: depende de la experiencia, de la estimulación. El cerebro de un bailarín es diferente del cerebro de un ajedrecista, es diferente del cerebro de un violinista y es diferente al cerebro de un matemático, porque cada una de estas personas, al estar sometidas a experiencias diferentes originan conexionados cerebrales diferentes. Dos gemelos univitelinos (que poseen idéntico material genético) poseerán distinto conexionado neuronal, diferentes redes sinápticas de acuerdo a las personales experiencias vividas.   Son la experiencia y los vínculos los que  determinarán cómo  será la estructura fina del tejido cerebral de cada sujeto.
    • Prounning o poda: la experiencia no lleva únicamente a la creación de nuevas sinapsis. Por un lado algunas sinapsis crecen, pero otras se podan, el resultado final es un diseño  propio, una huella digital.  Si no existiese el proceso de prounning, la sinaptogénesis no sería tan eficaz e incluso si no hay poda podría ser perjudicial. Una teoría actual  sobre algunos de los fundamentos neurobiológicos del autismo infantil, lo relaciona  con fallas en el proceso de prounning. Esto permitiría explicar algunas características  llamativas de  pacientes autistas graves, como por ejemplo el desarrollo superlativo de algunos talentos o habilidades.

    Al mismo tiempo que en un área hay sinaptogénesis, en otra      hay retracción. Así como hay una potenciación de largo plazo, también hay una depotenciación de largo plazo. Estos procesos son tan activos  que en este momento ustedes, mientras escuchan la clase, están armando una cierta cantidad  de conexiones sinápticas que no  existían hace un rato. Si ese conexionado es reforzado de alguna manera, por ej. volviendo sobre los temas que vimos hasta aprenderlos o grabarlos en la memoria, ese conexionado se va haciendo más estable. Si  lo dejan, como quien ve una película y a la semana se acuerda poco, ese conexionado se va borrando. El proceso neuroplastico es muy activo, es de largo plazo y es muy activo en el corto plazo, sólo que la potenciación de corto plazo no se sostiene en el tiempo si no es en función del trabajo y del entrenamiento.

    • Neurogénesis: hay nuevas neuronas que nacen. Es lento y escaso pero existen.

     

    Estos son los cuatro fenómenos que sustentan la neuroplasticidad. Son procesos muy activos que han cambiado completamente el dogma acerca del funcionamiento del SN. Sobre todo desde que se ha hallado que son fenómenos  “experiencia- dependientes”. Entonces, siguiendo este orden de conocimientos,  podemos afirmar que, en  un proceso psicoterapéutico,  a causa del vínculo sostenido que implica ese proceso, ocurren cambios en el conexionado neuronal del paciente (y del terapeuta).
    Las actuales técnicas de imagen cerebral funcional permiten ver  los cambios, a lo largo del tiempo, en el funcionamiento de distintas áreas. Están bien estudiados, por ejemplo, en trastornos obsesivo-compulsivos, las modificaciones que ocurren en distintas regiones del cerebro a medida que progresa el tratamiento.  Se observan modificaciones plásticas luego de los tratamientos psicofarmacológicos, así como  psicoterapéuticos.
    Consideremos que tenemos más o menos unas 1012 neuronas en nuestro cerebro. Cada una de estas neuronas tiene aproximadamente 10000 contactos que las vinculan con  otras neuronas, en total 1016  eventos simultáneos posibles. La combinatoria de 1016  da un número  que es superior al número teórico que calcula la física para las partículas positivas del universo en su conjunto.  Posibilidades de conexionado prácticamente infinitas. La redundancia de la Naturaleza expresándose de forma tal que involucra nuestra subjetividad.  
    Si bien los fenómenos plásticos son máximos en las edades tempranas de la vida, y más intensos en algunas áreas que en otras, en realidad están continuamente presentes. Mientras un área  sea adecuadamente estimulada, continúa produciendo fenómenos neuroplasticos y reconexionado neuronal.  También en edades muy avanzadas.

    Epigénesis:   
    Así como aparece  de complejo, el funcionamiento del Sistema Nervioso no es más que una parte de los sistemas  encargados de la coordinación, que permiten aunar el funcionamiento del organismo como un conjunto armónico. Los restantes, cuya inclusión develará nuevos acontecimientos vinculados con la capacidad de cambio organísmico, son el sistema  endocrino, el inmunitario y el  material genético, particularmente en este último, refiriéndonos a la posibilidad de modular su capacidad de expresión, a través del proceso denominado epigénesis.
    Para adentrarnos en su consideración recordemos la diferencia entre genotipo y fenotipo. Se denomina genotipo a la totalidad del  material genético existente en un ser viviente, con toda la capacidad expresiva de caracteres que ello supone. Se trata de la totalidad de la información contenida en los cromosomas. Fenotipo es la parte del genotipo que efectivamente se expresa. Llamamos epigénesis al proceso por el cual  una parte del genotipo es seleccionada para  expresarse. En  los procesos epigenéticos tiene una importancia muy grande la experiencia; es la experiencia la que influye decisivamente para hacer que un gen se exprese o no lo haga. Por supuesto que si se tratase del gen de una enzima, que  es vital para  la existencia, su no expresión haría la vida imposible. Asimismo la expresión o no de este tipo de genes está menos ligada a la noción de experiencia que estamos manejando en este momento. Nos referimos principalmente al patrimonio genético, que en forma siempre multigénica aparece ligado a los fenómenos de comportamiento. Esa porción  se va a expresar o no, en gran medida,  de acuerdo a las experiencias vividas. 
    Hasta hace algunos años no  sabíamos que el sistema nervioso,  el sistema endocrino y el sistema inmunitario tienen llegada al núcleo de las células (al decir al núcleo de las células estamos diciendo a entrar en contacto directo, y por lo tanto a operar sobre el material genético mismo).  Entonces, sabemos ahora que cualquiera de estos tres sistemas tiene capacidad, a través de los neurotransmisores en el caso del sistema nervioso,  de las hormonas en el de las glándulas de secreción interna, y de las interleukinas en el caso de las células inmunocompetentes,  de habilitar o bloquear la expresión de muchos genes. La capacidad constitutiva de la experiencia ya no sólo alcanza el ámbito del sistema nervioso, sino que influye en la expresión del material genético. Tan importante es esta noción, que en cierta medida relativiza la relevancia del  conocimiento del mapa genómico. A medida que se fue ahondando en el mismo, se comenzó a relativizar la importancia del descubrimiento del genoma humano completo,  porque  empezó a cobrar relevancia  conocer cuáles son los mecanismos por los que un gen puede expresarse y otro no ¿Cómo se bloquea o se activa la expresión de un gen? Resulta más relevante, para comprender el funcionamiento del sistema en su conjunto, no que el gen exista o no exista, sino que sea habilitado para su expresión o no.
    Volvamos al ejemplo de los gemelos. Tienen el mismo patrimonio genético ahora bien, a partir de las experiencias pueden expresar o bloquear epigenéticamente la expresión de ese genoma, entonces, de hecho, se van a comportar como si tuvieran patrimonios genéticos diferentes, como consecuencia de las experiencias vehiculizadas a través  de la interrelación del sistema nervioso y el endocrino principalmente.
    Para ilustrar lo que venimos diciendo  vamos analizar brevemente un trabajo publicado en  2005, “El cuidado materno como un modelo de plasticidad genética dependiente de la experiencia” (4). Se hacen necesarias unas breves nociones previas. Como ustedes saben, en las situaciones de estrés tiene mucha importancia el funcionamiento de las glándulas suprarrenales,  porque producen adrenalina, y sobre todo cortisol. Es esta  una hormona que tiene mucha importancia, no solamente en el estrés sino en las consecuencias a las que lleva el estrés crónico. El cortisol es fabricado, decíamos, por la glándula suprarrenal, que  está gobernada, a su vez por la hipófisis, hallándose esta bajo el control de una parte del cerebro llamada hipotálamo. El gerente general de todo el sistema es el hipocampo, de manera que tenemos un eje HHPA hipocampo-hipotálamo-pituito (que quiere decir hipófisis)-adrenal (que significa suprarrenal). Este eje comanda la respuesta  al estrés. Cuando una persona esta sometida a estrés crónico,  comienza a padecer problemas serios en su salud. Todo  el sistema entra en disbalance.  Los altos niveles de cortisol son muy perjudiciales ya que predisponen a las infecciones, al desarrollo de tumores y a la depresión. Se ha encontrado que en esas situaciones, el hipocampo, por una serie compleja de acontecimientos que no vamos a detallar,  pierde receptores al cortisol y ya no puede controlar el sistema a través del eje HHPA.
    Con estas breves nociones previas, pasemos ahora a ver  en que consiste el trabajo mencionado. Los autores  estudiaron dos poblaciones de ratas. Una población llamada HLG (high licking grooming). Son animales que en ocasión de amamantar desarrollan espontáneamente la  conducta de masajear con sus patitas y lengua a las crías con un grado alto de intensidad. Las otras LLG (low licking grooming) poseen una baja capacidad de desarrollar la misma conducta.
    Los autores determinaron que  las crías de las ratas HLG muestran mayor expresión del gen que codifica  la síntesis del receptor a cortisol en el hipocampo, lo que las hace más resistentes al estrés.  Las crías de las ratas LLG tienen baja expresión del gen que codifica la síntesis del receptor del cortisol en el hipocampo, y tienen por lo tanto una innata vulnerabilidad al estrés.
    En un segundo momento del trabajo de investigación, los autores intercambiaron las crías. Pasaron las crías de las madres  LLG  a madres  HLG y viceversa. Las crías cruzadas tienen el patrón  de expresión del gen del receptor de cortisol del hipocampo que corresponde a la  madre “adoptiva”.  Es decir que una cría HLG si es llevada apenas nace a que la cuide la otra madre,  va a tener una baja expresión del gen del receptor del cortisol del hipocampo y va a devenir una rata vulnerable al estrés. Entonces, la resistencia al estrés   no es genética, es epigenética, depende de la experiencia. La vulnerabilidad al estrés mediada por la cantidad de receptores del cortisol en el hipocampo, en este trabajo, se  muestra como dependiente del cuidado materno.
    Vemos en este estudio la capacidad que tiene la experiencia de producir cambios psicológicos de primer nivel, mediado por el hecho que la experiencia puede modificar la expresión del código genético. Suponíamos, hasta hace poco tiempo, que el código genético se hallaba encerrado en el núcleo de la célula, encapsulado en su estuche de histonas,  totalmente inabordable, impermeable a la experiencia.  Hoy en día sabemos que  experiencias de distinto orden tienen llegada al material genético a través de la mediación del sistema nervioso, el  endocrino y el  inmunitario, capaces de modular su expresión epigenéticamente. Si  esto se hace evidente  en ratas de laboratorio, podemos imaginarnos que el fenómeno es  más importante en la especie humana, más ligada a los vínculos primarios en su desarrollo temprano.

     

    Hemos analizado a lo largo de esta ficha una serie de factores, de primer orden, que hemos denominado contextos del cambio psicológico. Es así que revisamos críticamente la noción de homeostasis, desprendiendo de allí el aporte de Maturana y Varela acerca de la autopoiesis, como un momento clave de los procesos de cambio y crecimiento en los sistemas complejos.  Detenernos en esto último nos obligó a comprender debidamente la aplicación del segundo principio de la termodinámica a los sistemas vivientes, polémicamente neguentrópicos. De aquí pasamos a la resolución de la discusión entre físicos, químicos y biólogos, a partir de la brillante elaboración de Ilya Prigogine de las estructuras disipativas, enmarcadas por nosotros en los procesos de crisis. Entendimos estas últimas como el modo natural de transformación de las complejidades organizadas.  Revisamos más tarde representaciones imaginarias de procesos de transformación, que hemos llamado metáforas de cambio, así como volcamos sobre un modelo elemental de estructura de la personalidad, las diferencias en las posibilidades de transformación de los diferentes niveles de nuestra personalización. Por último, repasamos tres ítems clave desde los puntos de vista antropológico (neotenia) y biológico (neuroplasticidad y epigénesis). Queda expuesto así un fondo, que es a la vez fundamento, sobre el cual se recortará más nítidamente la figura del cambio psicológico a lo largo del proceso terapéutico, tema sobre el cual avanzaremos seguidamente.


     

     

    Bibliografía

    1. Wilden, A., Sistema y Estructura. Ensayos sobre comunicación e intercambio, Alianza Editorial, Madrid, 1979
    1. Maslow, A., El hombre autorrealizado, Ed. Troquel, Buenos Aires, 1993
    1. Mahoney, M., Human change processes, Ed. Basic Books, New York 1990
    1. Meaney, M., Moshe, S., Maternal care as a model for experience-dependent chromatin plasticity?, Trends in Neurosciences, Vol. 28 Nº 9 Setember 2005
    1. Conrad, K., La esquizofrenia incipiente, Ed. Alhambra, Madrid, 1962
 

 

 

www.bairesgestalt.com.ar
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Sede Beláustegui: Dr. Luís Beláustegui 2956 (C1416CZH)
Teléfono (+54-11) 4583-4783 Telefax (+54-11)4585-0533
Sede San Martín: Avenida San Martín 2008 (C1416CRU)
Teléfono (+54-11) 4585-5722
Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina