¿Cómo salir, entonces, de los enrevesados caminos de la mente que nos pueden llevar a tomar lo destructivo por constructivo, lo tóxico por nutritivo?
Demos una idea aproximada acerca de cómo son esos senderos, para ensayar los modos posibles de liberarse. Hagamos entonces un tour alrededor de nuestras ideas más locas.
Allí viene Superman:
Juan Carlos bebe en exceso desde hace, por lo menos, un año y medio. Se da cuenta perfectamente que está usando el alcohol para poder hacerle frente a situaciones que lo atemorizan. Ayer necesitó de una botella y media de cerveza para poder acudir a su segunda cita con Paula. La primera vez que se encontraron estuvo tan inhibido que no pudo meter ni un bocadillo, en cambio ayer se lo veía verdaderamente seductor. Héctor, el hermano menor, encontró varias botellas en su cuarto y lo sorprendió más de una vez bebiendo a solas. Pudo decírselo abiertamente. Juan Carlos le respondió que sabía que estaba bebiendo un poco de más, pero que la situación estaba perfectamente controlada. Le explicó que él era una persona especialmente dotada para dominar sus impulsos en el momento mismo en que lo considerara necesario. Que el alcohol no era un enemigo suficientemente poderoso ante su fortaleza de carácter. Que comprendía que le costara entenderlo, porque el común de la gente no posee esos rasgos de personalidad que hacen de él alguien un poco especial.
Fueron necesarios la pérdida de una Paula y dos empleos para que Juan Carlos bajara estrepitosamente del Olimpo de su omnipotencia. Lo primero que aprendió a distinguir, cuando llego a tierra firme, fue la diferencia entre puedo y no puedo. Lo segundo fue diferenciar no puedo de no se puede. Parecen diferencias mínimas, tontas u obvias, pero para Juan Carlos significaron la distancia entre la locura y la cordura, entre la vida y la muerte. Te pido que intentes establecer la distinción en episodios de tu propia vida y así observes la relación con tu propia omnipotencia. Hay cosas que puedo hacer, hasta un cierto punto en que puede ocurrir que deje de poder. Como por ejemplo cuando dejo que el alcohol avance sobre las sutiles vías metabólicas de mi organismo, llegara un momento en que ya no pueda, voluntariamente controlar la ingesta. Hay cosas que no puedo hoy, pero tal vez pueda mañana, pero también hay cosas que no se pueden, ni hoy, ni mañana ni nunca porque están más allá de mis posibilidades y de las de cualquiera , como por ejemplo decidir que a mí, en particular, determinada cosa no va a hacerme daño, simplemente porque así lo quiero.
Llega Mr. Magoo:
Guadalupe vive frente al ordenador. Vive quiere decir que vive, o sea, come, bebe, conversa, fantasea, sueña, ríe, disfruta, se enoja, se excita, viaja, estudia, juega.juega a que vive. El chat, internet, algo de música y películas llenan la vida, reemplazan la vida. Hace tiempo que no sale de casa sólo por el gusto de dar un paseo, sus problemas con el acné y el sobrepeso se han agravado mucho. Dejó de bañarse a diario. Sus amigas se lo dicen, a través del ordenador y cuando pueden, rara vez, personalmente. Se lo dicen porque es obvio y evidente para cualquiera: Guada tiene muchas dificultades para relacionarse con las personas reales, particularmente porque siente un gran rechazo por su aspecto físico. Todos lo ven, menos ella. Así es la negación. Empieza uno no viendo los detalles dolorosos de ciertas situaciones, y termina no viendo ni por dónde camina. A través de la negación uno puede tapar con algo tan chiquito como el dedo pulgar algo tan grande como la luna. Quien fue de una gran ayuda para que Guadalupe diera el primer paso para salir de su adicción al ordenador fue su amiga Carmen. Carmen se dio cuenta que varias de las amigas de Guada la ayudaban a sostener esa ficción de vida en lugar de ayudarla a ver que eso no era vida. Le hacían las compras, o trámites, por la pena que les daba su estado iban a quedarse con ella o le cocinaban. Retiraron, entonces, ese apoyo logístico y lo primero que pasó fue que Guadalupe comenzó a sentir los fastidiosos inconvenientes prácticos de su aislamiento. Lo segundo ocurrió unos días después y fue un poco más dramático. Tras una de sus esporádicas duchas se topó de repente y sin proponérselo con su imagen en el espejo. Desnuda, de frente e inadvertida, la visión le produjo un inmenso rechazo. Sintió odio, asco, y se gritó cosas horribles a la cara. Pero en medio de esa crisis de gritos y llanto, descubrió en la mirada de esa mueca vociferante el enorme dolor, miedo y pena que se escondía tras ese rechazo. Vio en esos ojos una niñita asustada y perdida y sintió la perentoria necesidad de cuidarla, protegerla. Fue como si de repente viera, simplemente viera lo que siempre había estado allí. Ese sólo ver fue la puntada inicial, de un camino de recuperación. Necesitó ayuda, pero ahora la ayuda fue para salir, no para permanecer.
La Reina de la Tragedia:
Elvira ha vuelto a estar con Pepe. Parece increíble pero es cierto. No serían nada esos cinco años de peleas permanentes, reclamos interminables, celos insufribles. Fue muy duro tener que informar que el novio que participaba desde hace tanto de las reuniones familiares era un señor casado, padre de tres criaturas (las mellizas son preciosas). No hablemos de aquellos ahorros perdidos en 2002, prestados por una semanita nomás, que nunca volvieron a aparecer (Elvira ya no se los reclama porque Pepe se deprime). Ella lo pone muy nervioso con sus preguntas y sus emplazamientos, si no fuera por eso él jamás le levantaría la mano, porque "en el fondo es bueno, después se siente culpable y me pide perdón". Cuando viaja en el tren, sola, se da cuenta de cosas, no es tonta, pero tampoco puede entender algunas de las cosas de las que se percata. Es un secreto que a nadie le cuenta, que descubre un oculto placer en ser considerada tan lastimosamente por tanta gente, ".pobre Elvira.". Pero más secreto es que a veces se da cuenta que ejerce un poder muy grande sobre Pepe, parece mentira, pero lo puede. No obstante sufre, sufre de verdad, no simula. Un día viajando en el tren, mirando por la ventanilla, se dijo a sí misma, en silencio, apenitas, "ya no quiero". Eso fue todo. Había gritado, llorado, golpeado, insultado a Pepe en escenas horribles tantas veces, tan inútilmente. Pero esta vez fue distinto. Lo que le sonó fuerte en el "ya no quiero" no fue el "ya" sino el "quiero". Descubrió que había un deseo de sufrir, y eso la impresionó. Pero aparecía ahora un deseo de no sufrir, hijo de esas cositas secretas de las que se daba cuenta cuando viajaba en el tren. Descubrió, también, que había una libertad, pequeñita, condicionada, pero que era suya, y que podía crecer. Eso fue todo. Sólo una puerta que se abrió, y Elvira tuvo la inteligencia de avanzar por ese camino. Le llevó tiempo, requirió ayuda, pero salió de la asfixiante dependencia emocional en la que se encontraba. Descubrió su libertad y la cultivó. Lo que pasó con Pepe ya es otra historia y no importa tanto.
Superman, el omnipotente que desconoce los límites, Mr. Magoo, el negador que no ve ni lo que tiene montado en la nariz, La Reina de la Tragedia adicta a la pasión de sufrir son sólo tres ejemplos de los mundos locos que nos podemos armar con nuestras ideas locas. Todos ellos tienen vías de salida que son caminos de aprendizaje: aprender los límites de mi poder sin caer en la impotencia, aprender a ver lo obvio sin negarlo inmediatamente después, aprender a ejercer mi libertad de. , y así poder ejercer mi libertad para.
Podríamos habernos encontrado en nuestra galería con Peter Pan, el eterno niño mágico, con Popeye, seguro de poder vencer el mal con una dosis de espinaca, con el señor adicto al trabajo con el que se cruza El Principito, convencido de que es cada vez mejor haciendo cada vez más. Todos ellos encierran en su error la posibilidad de su remedio, es sólo el deseo, la paciencia y un poco de ayuda lo que hace falta para recuperarse.
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